Antonio Arias, evitando la gravedad
Domingo, 21 de Febrero de 2010 por Juanfran MolinaSe dice que cada universo forma parte de un multiverso mayor, el cual comprende el espacio infinito, que todo lo abarca y donde todo permanece: pasado, presente y futuro. En un año en el que han sido descubiertos casi un centenar de nuevos planetas situados fuera del Sistema Solar, Antonio Arias, terrícola inquieto, afortunadamente imprevisible, y aún imbatido por el tiempo, leyó un artículo sobre música y astronomía de su amigo el astrónomo José Antonio Caballero; y, a partir de ahí, activadas todas las lucecitas de las conexiones que unen al granadino con el espacio exterior, se fueron configurando las condiciones para poner en marcha el proyecto de musicar poemas relacionados de manera más o menos directa con la ciencia y la astronomía. Finalmente, el proceso ha culminado con la publicación de su primer trabajo en solitario (tras grabar parte del repertorio en un observatorio espacial y realizar, de paso, una curiosa actuación en el acto de clausura del Año Internacional de la Astronomía, celebrado en el Palacio de Congresos de Granada). Así, el mismo año que ha visto la publicación del veloz y certero “Larga duración” de Lagartija Nick, aparece “Multiverso”, otra apasionada indagación de Antonio Arias.
Música líquida y expansiva acotada con solvencia en los límites de una canción; levemente psicodélica; tanto enérgica como abrigadoramente circular mientras nos invita a avistar abismos. Un espacio en el que las palabras avanzan libres, suspendiéndose, perdiendo gravedad momento a momento. Se alcanza una contención que acierta a proyectar los poemas con el suficiente relieve. After-punk, pop o space-rock casero, sin excesos ni ampulosidad. La grandeza del misterio que encierran los astros es tratada con serenidad; y Arias transmite paz en su observación, e introspección ante la enormidad.
Destacan cortes como “El ordenador simula el nacimiento de las estrellas” (adaptación de un poema del científico David Jou), “Derrota de Bill Gates” (letra del poeta mejicano José Emilio Pacheco, reciente Premio Cervantes), “Desde una estrella enana” (de Natalia Carbajosa) o “Multiverso” (una gran letra firmada por Arias y el poeta cordobés Rafael Espejo). Con Antonio repasamos tanto “Multiverso” como otros aspectos de su actividad.
Ilustración: El Bute
- Todo gira alrededor de los textos en “Multiverso”, ¿cómo fue el proceso de selección de éstos?
Todo empezó con un escrito de mi amigo astrofísico José Antonio Caballero. Escribió un artículo sobre poesía y música donde citaba unos versos de David Jou que me impresionaron. Enseguida empecé a cantarlos y viendo el resultado le pregunté donde había más material de ese tipo. Me sugirió unos links donde encontré más y algunos otros llegaron por otras fuentes.
- ¿Te resulta más cómodo componer con unos textos dados?
Cuando tienes ante tus ojos lo que deseas cantar, todo es más fácil. Intentas acercarte al ritmo del poema, a la música que ya lleva dentro. Cuando estableces comunicación con las palabras el resto es dejarse llevar. Si yo tuviese más cantidad de letras propias no te quepa duda de que tendría hechas un montón de canciones. No concibo una canción sin que la letra esté terminada, me refiero a que tener maquetado algo en inglés es una pérdida de tiempo y no te lleva a ningún sitio. Te será muy difícil encajarle una sin que sacrifiques uno de los dos elementos que la conforman.
- ¿Cómo sueles componer generalmente?
Montones de pequeños trozos de música que se juntan de manera aleatoria. Algo parecido a lo que oyes en la cara B del disco Abbey Road de The Beatles, salvando las diferencias, por supuesto. Creo que para unas diez canciones suelo tener el doble o el triple de pequeños temas. Al adaptar armonías a diferentes tempos consigues efectos que no te imaginabas.
- Llama la atención que hayas evitado musicar los temas desde un punto de vista electrónico o incluso tremendista.
Ya había pasado por eso en Val del Omar, textos retroprogresivos, anticipativos envueltos en música mecánica y futurista. Si lo que quieres es llevar al oyente al trance no está mal, pero si es tu intención entrar en su psique lo mejor es contrastar los elementos en juego, es decir, textos astronómicos, música inspirada en los 50 y los 60, el toque de modernidad te lo dará el año en el que vives.
- ¿Qué tal fue la grabación en el observatorio espacial de Calar Alto?, ¿qué partes se grabaron allí, y qué material llevasteis?
Cuando José A. Caballero me sugirió que grabase allí pensé que era ideal por lo que hablábamos antes de lo antiguo y lo contemporáneo. Allí podía hacer real mi teoría de los contrapuestos. Paul Grau, el productor, decidió llevar hasta el Observatorio Espacial de Calar Alto su material más antiguo de grabación: Preamplificadores de los 50, micros de los sesenta, amplis descatalogados, cosas así. Las reverberaciones de las cúpulas eran ideales para los temas lentos, así que registramos en aquel templo a la tecnología los temas “Laika”, “Génesis” y “Multiverso”. He de decir que los autores de los poemas quedaron alucinados al saber que sus textos se habían grabado en aquel espacio telúrico.
- ¿Cómo te has sentido embarcado por primera vez en un proyecto sin el nombre de una banda detrás?
No es que lo desease, pero creo que ya me correspondía. Con esa libertad podía acercarme a la realización de un disco como el primero de McCartney, donde pudiese grabar la práctica totalidad de los instrumentos. Enfrentarme en el estudio a mis propias limitaciones. El resultado es que no tenemos límites cuando ponemos nuestra concentración en un proyecto. Por otra parte también tienes la opción de llamar a quien desees cuando ves que el resultado no es el que esperabas. Al final llamé a casi la totalidad de mis amigos para que me ayudaran (Planetas, Lori Meyers, Lagartija…).
- Física y astronomía hechas poesía, y las tres convertidas en canción, ¿qué se siente siendo (exitoso) catalizador de semejante cúmulo de percepciones, emociones y datos?
Es como si atravesaras un fuego, crees que no vas a salir vivo de ahí y de pronto, mientras estás obsesionado con ese pensamiento, ya estás fuera. Andas sin pies ni suelo, a tientas por lo desconocido, creyendo que nunca lo conseguirás y en un momento ya forma parte para siempre de tu personalidad, eso ya eres tú y formará parte de ti para siempre. Curioso.
- ¿Te han influido cosas distintas a las habituales a la hora de afrontar las composiciones de “Multiverso”?
He podido ser más concreto con respecto a mis influencias, más sincero, más cercano. Hasta ahora elegía el estilo en función de su capacidad de expresión y donde me sentía más cómodo, sin embargo en este trabajo decidí ser más explícito con respecto a mis influencias. Mostrarlas y lanzarme a su desarrollo sin ningún tipo de complejos, si me gusta Elvis pues que se note, si adoro Buddy Holly que sea evidente, todo así.
- Me imagino que habrá gira de este trabajo, ¿Qué formación y repertorio llevarás en directo? ¿Vas a incluir alguna versión relacionada con el objeto del disco?
Popi González a la batería y voces, ya trabajé con él en el disco Homenaje a Los Ángeles. Juano de Los Bombones de Sevilla a la guitarra y voces y Julián ex Lori Meyer al bajo y voces. Como podrás comprobar quería trabajar bien el tema de las armonías vocales para la puesta en marcha del proyecto y con ellos me resulta muy fácil hacerlo. A veces incluimos alguna de Lagartija con temática astral como “Un Marciano envía una postal a Casa”
- ¿Qué es lo más importante que has aprendido tras esta experiencia?
Lo más importante es dejarse llevar por el disco, ser capaz de darle el suficiente empuje como para lanzarlo fuera de la Estratosfera y dejar que él sólo establezca su propia velocidad de crucero. A veces forzamos los discos y nos vamos alejando de ellos, quería evitar esa sensación como fuera.
- ¿Qué está aportando Paul Grau a tu sonido o incluso a tu forma de trabajar las canciones?
Paul Grau ha sido definitivo para el proyecto. Hemos trabajado juntos en los últimos trabajos del grupo así que conoce todo lo que hay que conocer de mí. El sistema de grabación era parecido al que utilizaron XTC en “Skylarking”, es decir, primero los instrumentos de cuerda y después los de percusión. De esa forma podía tener el tema abierto a cualquier cambio en cualquier momento. Él es un gran productor y un genial mezclador, se nota en cada uno de los temas, yo no hubiese mezclado así por mucho que me esforzase.
- ¿Qué efecto te gustaría que produjesen tus canciones?
El sólo hecho de volver a mirar al cielo sería más que suficiente. Dejarse llevar un poco por la pasión que el mundo de la astronomía despierta en todos nosotros. El disco empezó con la intención de apoyar el Año Internacional de la Astronomía y acabamos tocando después de la intervención de Robert Wilson (Premio Nobel de Física en 1978 por haber descubierto el fondo de radiación cósmica, una especia de ondas frías con ruido surgidas después del Big Bang y que demuestran la existencia de este) en la jornada de clausura del AIA.
- ¿Cómo crees que ha cambiado la incidencia del mensaje contenido en una canción en todos estos años?
Una canción es un reflejo, un flash con entidad propia. El espejo donde se mira una canción es el mundo que le rodea, no hay más. Y si el mundo que nos rodea es indefinible la canción se va tornando más ambigua. Creo que estamos en ese punto.
- Hablando de ciencia, ¿se ha convertido el rock and roll en un conjunto de formulaciones más o menos reconocibles?
El R’n’R acorta distancias, es nuestra segunda, tercera o cuarta cultura, la que quieras. Empezó de manera tan sugerente que durante decenios ha servido para cualquier cosa. Es posible que al igual que el cine mudo es un arte que empezó es su máxima cuota de perfección (Chaplin, Buddy Holly), imposible superarlo. Pero… ¿Quién quiere superarlo? Si te sirve para lo que quieres expresar… perfecto.
- ¿Cómo ha evolucionado tu forma de escribir los textos de las canciones?
Durante todo este tiempo he hecho lo mismo, es decir, escribir, parar para aprender y volver a escribir. Esa forma de trabajar aún la conservo.
No es que me harte de cómo escribo, es que no quiero acercarme al perfeccionismo, prefiero la improvisación sobre nuevas formas. Yo no escribo poesía, sólo letras para canciones.
- ¿Tiendes a añadir detalles o quitar cosas de los temas hasta el último momento, o los sueles tener claros pronto?
Intento hasta el final introducir la máxima cantidad posible de ideas que tenía en mente al principio. El tiempo es limitado y tienes que escoger entre todas ellas, volcarlas y ver el resultado. Muchas veces lo que ocurre es las canciones salen de tus manos mientras intentas colocarle un nuevo vestido.
- Leí unas declaraciones de Tom Waits en las que decía, refiriéndose al hecho de encontrar la propia voz, la propia forma de comunicar, que para lograrlo es mejor trabajar en uno mismo más que en la música. ¿Qué opinas al respecto?
Estoy totalmente de acuerdo. La voz es lo que nos distingue. Deberíamos tener todos la obligación de cantar, mostrar nuestro timbre al universo silencioso. Algo así como asociarnos a nuestro animal tótem. Una imagen.-Un sonido- una persona. Si nos acercamos a cómo podemos realmente cantar, la música se nos revela más fácilmente.
- Siempre he pensado que el verdadero marchamo que deja un grupo o un artista surge instintivamente, quizá de una mezcla de talento e intuición, más que de algo premeditado. Aquello de partir de las mismas bases sonoras que miles de grupos y sonar diferente. ¿Tú qué piensas?
Es lo poco que podemos aportar a la música, nuestra forma de verla. Con los mismos elementos que todo el mundo. Es lo que cualquier banda debería aprender desde el principio: el mundo está deseando ver cómo lo haces, no cómo se hace mejor o peor, sino cuánto de ti sale en cada momento. Tú te desnudas primero porque el oyente, cuando se abandona, busca un acercamiento más pleno. A veces sale mal y te ven en pelotas, no pasa nada.
- Mirando hacia atrás, ¿recuerdas alguna etapa de tu carrera con insatisfacción?
Las etapas de insatisfacción no son reales cuando se refiere a los discos. Pasa como con los discos de cualquiera, adoras unos y odias otros, de pronto todo es al revés y los que no te gustaban te apasionan. ¿Qué ha cambiado? Es difícil de saber. Las insatisfacciones han venido a veces por la incomprensión, por buscar almas parecidas o gemelas. Han pasado muchos años y mi balance es positivo, es una carrera irregular, como las que a mi me gustan.
- Después de bucear en oscuridades sonoras varias, ¿qué significa una buena melodía pop para Antonio Arias?
Una que refleje lo que respetas ese estilo. A mi me ha dado pudor hasta ahora acercarme más al pop, me pasa como con el flamenco, lo respeto tanto que me acerco a él siempre de una forma casi religiosa. Eso hace que meta bastante espacio cuando hago algo de eso, me siento más seguro componiendo de una forma más punk. Aunque es verdad que para tocar sucio hay que ser muy limpio. Al revés también funciona.
- ¿Estuviste finalmente en Liverpool viendo el musical de “La guerra de los mundos”? ¿Cómo va el asunto de la edición de la versión de Lagartija Nick?
Compré las entradas y al final no fui, ahora no recuerdo por qué, tampoco revendí las entradas, dejé los asientos vacíos (realmente buenos y cerca de la primera fila) es un asunto que sigo teniendo pendiente, publicar aquel material que unía narración, ciencia ficción y música, mis temas de siempre. A ver si algún día Jeff Wayne se apiada de mí y me cede los permisos, que va a ser nunca.
- Parece ser que surgieron ofertas para interpretar el disco de Val del Omar en directo, ¿se llevaron a cabo los conciertos? Creo que es un trabajo que de alguna manera siempre mantendrá vigencia, capaz de ponerse de actualidad en cualquier momento.
No se realizaron esos conciertos, pero sigue habiendo ofertas para llevarlo al directo. Espero reeditarlo el año que viene. Al igual que con la reedición de “Inercia” y “SU” lo ampliaremos con material extra. Es uno de mis discos favoritos de Lagartija Nick. Tremendo, excesivo y hecho de una forma que parece un suicidio musical. Pienso que se podrá valorar este trabajo dentro de un tiempo, todavía no.
- ¿Con qué frecuencia se siguen sucediendo las representaciones de “Omega” con Enrique Morente? ¿Han cambiado mucho las sensaciones? ¿Se mantiene la magia tras todos estos años?
Solemos hacer unas cuantas representaciones al año. Es un disco que ha calado mucho en la gente, seguimos interpretándolo 15 años después de su edición y la respuesta es siempre bestial. La sensación para el que lo lleva al directo es muy intensa, sentimos cómo nos recorre una fuerza especial, y nos abandonamos a esa experiencia. La magia está en la voz de Morente, en la fuerza del poema, en todos los implicados funcionando a una; quiero decir que ha veces somos una veintena de personas sobre el escenario y todos vamos a disfrutar y hacer disfrutar.
- ¿En qué momento está Lagartija Nick actualmente?
Creo que llevábamos varios años muy fuertes y este período de tiempo de cierta inactividad seguro que nos hace afrontar los nuevos proyectos con un punto de vista diferente. Se ha reeditado “Su” y me gustaría hacer un par de conciertos con ese repertorio, invitando a los originales, algo como lo que hicimos cuando se reeditó “Inercia”, supongo que en Granada y Madrid.
- ¿Qué es lo que te motiva artísticamente?
Acercarme a las ideas que me susurra mi voz interior. Hacerle caso a mi intuición y no parar hasta quedarme por lo menos a medio camino de esa idea. El continuo renacer es lo que más me motiva.
- Ya que estamos en un sitio dedicado al cómic y al humor gráfico, háblanos para despedirnos de tu relación con los tebeos y si los consideras una influencia.
Mi relación con el cómic empieza en mi infancia, mi hermano Jesús era un fanático de El Capitán Trueno, El Jabato, cosas así y tenía una habitación llena de tebeos que mi madre intentaba siempre tirar. Yo me aficioné sin embargo a los cómics de los sesenta, los de Marvel. Podías comprar sólo uno y cambiarlo todas las semanas en el quiosco por los nuevos números que se editaban. Una pena, porque aquellos formatos me encantaban, el olor del papel, el grosor… Conservo un cómic sobre la vida del Padre Damián, el héroe de Molokai del año 74. Luego me interesó más un tipo de ilustración más underground, por lo que me hizo mucha ilusión el número dedicado a Lagartija Nick de la revista Cretino, me impresionó mucho.






Los hermanos canadienses Timmins forman Cowboy Junkies, grupo muy especial, aún en activo, que despuntó a final de los ochenta con discos como The Trinity Sessions o The Caution Horses. Magia ralentizada y oscuridad country guiada por el acariciador roce de la voz de Margo. No os perdáis su Sweet Jane.
Tras publicar tres elepés, y enfrentados a un callejón sin salida, Los Secretos deciden tirar la toalla. Tres años después, Enrique vuelve con nuevas canciones, optando por reflotar el nombre original en vez de presentarse en solitario, como se le propuso. En la operación, Javier, el tercer hermano en discordia, sale por la puerta trasera.
Bob Dylan siempre gustó de rodear su biografía de un halo de misterio. En 1.962 cambió su apellido original, Zimmerman, por el de Dylan, e inventó un pasado familiar extravagante, lejos del verdadero, mucho más convencional. La prensa no tardó en descubrirlo claro, y el bueno de Bob prohibió a los suyos volver a atender a nadie remotamente parecido a un periodista. A finales de 1.974, su hermano David, tan alejado del meollo de su vida, le animó a regrabar los temas que no le convenciesen de Blood On The Tracks con músicos locales de Minneapolis, ayudando así a dar el toque definitivo a ese gran álbum. El único hijo de Dylan que siguió los pasos de su padre con decisión fue Jakob, con su grupo The Wallflowers.
Marvin Gaye, mito de la música soul, no pudo plantearse esa opción, ya que murió tiroteado por su predicador padre en 1.984. Más tragedia, la de los Buckley, el padre, Tim, murió en 1.975 de sobredosis de heroína, cuando su hijo Jeff contaba con nueve años. En 1.997, éste pereció ahogado en el río Wolf, en Memphis. Una desaparición rodeada de misterio a los treinta años, cuando sólo había publicado el imprescindible Grace.
Blue Mountain, grupo compuesto por el matrimonio formado por Laurie Stirratt y Cary Hudson, es una de las referencias actuales del country alternativo. Y country y misterio destilan las canciones de Low, grupo liderado por la pareja formada por Mimi Parker y Alan Sparhawk, mormones de Duluth (Minnesota).
Y es que los sonidos primitivos unen más de lo que parece, así el caso de las oscuras almas matrimoniadas de los Cramps (Lux Interior y Poison Ivy) o Royal Trux (Neil Hagerty y Jennifer Herrema, que a la sazón producen algunos discos bajo el seudónimo Adam & Eve); o lo sónico, cuyas turbulentas ondas envuelven desde hace años (qué cursi ha quedado) a Ira y Georgia de Yo La Tengo, y a Thurston y Kim de Sonic Youth.
hijas. Entre ellas estaba June, que en 1.968 contrajo matrimonio con Johnny Cash, tras acompañarle durante años en sus giras, reconduciendo así su vida. Por parte de Johnny, dos de los cuatro hijos provenientes de su primer matrimonio también siguieron la senda musical: Ray Liberto Jr y Rosanne Cash, está sí convertida en celebridad country. En lo que respecta a June, destaca su hija Carlene Carter, fruto de su matrimonio con Carl Smith.
de no parar de escuchar Homo Christmas de Pansy Division cada vez que pasean por las calles). El sencillo que contenía esa canción continúa siendo el más vendido de la historia, y su elepé Merry Christmas es uno de los habituales de cada Navidad, patente ejemplo de que las mencionadas fechas son el más esmerado resultado del arte de la repetición. Poco antes de morir recibió a un calculador David Bowie, quién se la jugó con el reto del dúo imposible, firme como estaba en su intención de convertirse en una estrella Navidades Blancas para ese mercado norteamericano que se resistía a su androginia. Tras un intercambio de frases absurdas ambos interpretan junto al piano el clásico Drummer Boy (El Tamborilero). El encuentro tuvo traslación discográfica, claro, con la foto de los dos interfectos en aquella ocasión, en forma de single, Peace on Earth. ZZZzzzzz. Si hay que escuchar compilaciones navideñas prefiero a Elvis Presley, que para eso ya sacó un Christmas Album en 1.957, los temas navideños de Spike Jones y su orquesta o, mejor, la spectoriana recopilación A Christmas gift for you de 1.963, con las Ronettes, las Crystals o Darlene Love. O, ya lanzados, algo tan
inquietante y acariciador como el Christmas de Low; A christmas album de Bright Eyes; Horny Holidays!, el disco de ese gran punk de la música de raíz norteamericana llamado Mojo Nixon, publicado en 1.992 (Santa Claus go straight to the ghetto, yeahhh), o las interesantes incursiones instrumentales de los paisanos Granadians en Feliz Navidad con… , de las navidades de 2.003.
La Navidad, ya se sabe, es la época de los tópicos agitados con delirio, de las buenas intenciones más vanas que darse puedan, del llueve sobre mojado y todos esperando que llueva, de apartarse del árbol con distante ironía y el polvorón en la boca, de prohibir el Belén a no ser que reivindique la causa Palestina o esté compuesto por moteros. El abrazo del gran esfuerzo publicitario, la torsión zambombera del sentido común, el calorcillo febril del consumo. La gente autoendulza como puede su acritud, y eso no deja de ser fantástico. ¿Un acuerdo colectivo? Un dejarse llevar resbalando por la paga extra mientras ésta lo hace entre luces, altavoces en las calles y tiempo huidizo y brilloso. Es un tiempo que concita por mor del calendario laboral y los convenios la posibilidad de contar con algo más de pasta y de ver a gente a la que cada día es más difícil ver. Si me hubiese levantado rabiosamente inconformista, escribiría que la misma sociedad que te oprime y determina tu vida afloja la presión en estas fechas para que consumas más, pero, lo cierto, es que estoy bastante constipado y comiéndome una hojaldrina.
Todos los estilos musicales han abrazado en algún momento la cuestión navideña, y las recopilaciones e incluso los discos dedicados por un artista al tema son abrumadora legión (nunca coleccionéis discos navideños). En el apartado de “Discos Navideños Delirantes” podemos colocar A very special Christmas live de 1.998. Disco benéfico grabado en directo en ¡¡la Casa Blanca!!, que cuenta con interpretaciones de iconos de la industria de aquel momento como Bon Jovi (sí, el de las mansiones), Sheryll Crow, Run DMC, o Eric Clapton. La cosa termina con una jam de un clásico marmóreo, Santa Claus is coming to town, tema de intensa y agitada vida, paseado a lo largo de los años, entre muchos otros, por el gran Bing, Frank Sinatra en plan jazz y swing; Chris Isaak con la ex – Fleetwood Mac, Stevie Nicks, en una lectura gratamente rescatable; la irresistible de Lynyrd Skynyrd, los Beach Boys, las mágicas Crystals, el mismísimo Springsteen, una Diana Krall no excesivamente fría, y… Michael Bolton. Esto me trae a la cabeza en el apartado “Todos los artistas en el estudio ultramotivados y como si fuesen sorprendidos en una sesión de trabajo”, el vídeo de Band Aid, con las estrellitas británicas de 1.984. También estaba Paul Weller.
Los Planetas no podían dejar de pasar el hecho navideño por el tamiz de humor negro de sus canciones, El Espíritu de la Navidad, tiene la gracia de sonar algo navideña, además de ser una buena canción. Ay, el intangible Espíritu de la Navidad, Coldplay felicitaron tan señaladas fechas a sus fans con un vídeo humorístico en el que bailaban algunos de sus éxitos disfrazados de época (todos criticamos la Navidad y todos le guiñamos). Sufjan Stevens tiene un halo navideño en todas las cosas que hace. Por eso parecía predestinado a lanzar Songs for Christmas, caja de cinco cd´s grabados en cinco años y lanzada a finales de 2.006. A atesorar temas como Come on! Let´s boggey to the Elf Dance!. Los frenéticos y prolíficos The Beach Boys de la primera época ya grabaron su disco navideño en 1.964, Christmas Album, reeditado luego sin parar y con distintas denominaciones. En 2.005, el renacido Brian Wilson, publicó el suyo personal, What I Really Want For Christmas, tras la estela del controvertido Smile.
A pesar de todo podéis vengaros con los cascos puestos. Para furibundos desertores de estas fiestas se recomiendan reflexiones como la de Silvio Rodríguez en Canción de Navidad, o directamente temas como el de Estado Crítico incluido en aquel recopilatorio de la primera eclosión Hip-Hop española de finales de los ochenta, Navidad Hip-Hop (amenazadores con Dónde estás Navidad, ven aquí si te atreves… ) o el single navideño de MCD para Basati Diskak. Pero nada mejor que cosas como Feliz Falsedad de Soziedad Alkoholika y el Villancico de Ska-P, o la eterna obviedad de los raca-raca llena caja de siempre. En el apartado “versiones a patada limpia de villancicos para cagarme en la Navidad” destaca sobremanera el Noche de Paz de Extremoduro. Robe, burro como él solo pero dejando siempre algún verso memorable.
Los Beatles tuvieron su peculiar relación con la Navidad, regalando cada año a los miembros de su club de fans flexi-discos conmemorativos, siempre irónicos y algo excéntricos; auténticos tesoros para coleccionistas. La cosa se inició con el de 1.963 con saludos de cada miembro y breves versiones, como la del clásico Rudolph, the red-nosed reindeer. En 1.964 con Another Beatles Christmas Records, ofrecieron junto a los ya habituales saludos una versión de Jingle Bells. Al año siguiente, fieles a su cita, publicaron The Beatles Third Christmas record, junto a parodias de temas como Yesterday se encuentra una versión de Happy Christmas to ya list´nas. Para las de 1.966 apareció The Beatles fourth christmas record (Pantomime: everywhere it´s Christmas). Más conocido posteriormente por el subtítulo y formado por breves composiciones originales a modo de número cómico. Al año siguiente la jugada se repite con The Beatles Fifth Christmas record (Christmas time is here again), conteniendo el tema que da nombre al subtítulo, ya más conocido. En 1.970 finalmente, todo este material fue recopilado y editado en formato elepé con el nombre de The Beatles Christmas Album en su versión norteamericana, denominación que sería al cabo la más conocida. Años más tarde, ya con el grupo separado, John Lennon grabaría la celebérrima Happy Xmas (The war is over), single de Navidad lanzado a continuación de Imagine, su exitoso elepé de 1.971.
Queridos Psicocamaleones:
Hace poco me hice con el CD-libro sobre Los Bichos editado por Munster en 2006, 1991-1988. En su interior Josetxo repasa la historia de aquel proyecto, una parte tan especial de su vida. Utiliza una mirada deslavazada, llena de elipsis, y con sus gotas de surrealismo y cierta amargura. Una visión cariñosa, lo suficientemente irónica; lúcida y para nada complaciente. Entonces recordé que escucharlos era una auténtica gozada. La expresión de un fan incondicional, dotado de la suficiente personalidad y amor a la música para conformar una expresión cargada de referencias pero repleta de grandes canciones, turbulenta de verdad y de una plasticidad nada evidente. Oscuridad con destellos rosas, amor, dolor, deseo, pesadilla y una musicalidad en carne viva, de verdad cortante. Un tipo hambriento de expresión, de esos que patean las calles de sus pequeñas ciudades tratando inútilmente de seguir a una imaginación que ya lleva años viajando. Dramático y glamuroso (cuenta la leyenda que tras una visita a la casa de Corcobado en Madrid, una botas blancas regaladas por su anfitrión sustituyeron las botas militares que calzaba el navarro, perfilando definitivamente su imagen), podía mostrarse demoníaco, libidinoso y burlón, para al poco ser exhibicionista de su propia vulnerabilidad, un ser melancólico con la sensibilidad a flor de piel. Contradictorio, sexual, misógino o resentido, añorando vivir entre toneladas de amor.
En 1988 les escuché por primera vez en el volumen I de las casetes que bajo la denominación Spanish Bombs puso en circulación la revista Ruta 66, siempre tan atenta a las nuevas tecnologías. Lluvia y luna era su tema, un oscuro latido que delataba su amor incondicional por los australianos Scientists, luego aparecido también en su elepé debut.
Tras los más de cinco mil elepés vendidos de Color Hits la cosa pintaba bien. Volvimos a tener noticias en 1990 con la aparición del recopilatorio The Worst Around (Romilar-D). Los Bichos eran acompañados de un muestrario del momento más dulce de la escena underground del País Vasco (Cancer Moon, La Secta y La Perrera). Aquí Josetxo dejó una de sus composiciones más intensas, Backwards Kiss, así como el diseño de la portada, su despliegue más incontenible de imaginería.
El cuidado doble CD editado por Munster no pretende ser acopio de toda su discografía, se deja cosas de casi todos los discos, pero la selección es razonable, echando yo fundamentalmente en falta la versión de Swampland de Scientists. El single Anita Latigazo se incluye en versión demo al igual que otros temas incluidos en el primer álbum (¡Hola! (Ni Dios), Go, bo, 1989 y Down below). También faltan caras B de single como la mencionada versión de The Scientists (del single Shadow Girl, de 1989), otras de interés como Homeblood (del single Wishin´Shift de 1991) y Words for sale (del single I´m inside her de 1991); y, esta vez, la cara A del single A hell of a girl de título homónimo, editado por Radiation en 1993, y última referencia de la banda. El último corte del segundo CD recoge sin acreditar su versión de Suicide. El single que acompaña esta edición, también con errores en los créditos, ofrece el aliciente para completistas de dos temas pertenecientes a la maqueta de 1988: El sueño rojo (aparecido en un flexi ese mismo año) y el inédito To know me is to love me.
albores democráticos un lastre para la juventud, al menos para la menos progre (éstos abominaban del rock´n´roll). Sólo parecía haber dramatismo, gravedad; el cine y la música iban de lo gris a lo presuntuoso en el mejor de los casos, salvo capitales excepciones. Pero la desconexión con la realidad llegó en algunos casos a extremos difíciles de asumir: el día del golpe de estado del 23 de febrero de 1.981 (explosión en la cara de todos los peores presagios de esa España negra y virulenta), Nacha Pop no suspendieron su concierto, y los Pegamoides de Alaska pensaban que todo eso era cutre… cutre y lo peor… de lo peor, y decidieron citarse en el londinense Piccadilly si las cosas se ponían feas… feas. Otros buscaban su catarsis provocando con lo innombrable: Gabinete Caligari se presentaron en uno de sus primeros conciertos en la madrileña sala Rockola, un 23 de julio de 1.981, así: “Buenas noches, somos Gabinete Caligari, y somos fascistas”, teniendo la “suerte” de recibir una elogiosa crítica del periódico franquista El Alcázar. Un par de años más tarde, su primer elepé incluiría el tema Maquis, canción dedicada a la voluntariosa y limitada oposición armada al franquismo durante la primera posguerra. Terminaba así: “Maquis de hoy, ¡qué pocos sois!, Maquis de hoy, ¿y el corazón?”. Por cierto, la letra fue coescrita por la banda y la posteriormente conocida como Ana D.
En 1.983 salió al mercado el elepé Manifiesto Guernika de los granadinos T.N.T., en mi opinión el mejor disco de punk que se ha hecho por aquí. Sólo traicionado por el sonido y muy mejorable en la ejecución, como tantos discos españoles de aquellos ochenta. Nunca me he creído los textos de este tipo de grupos, son demasiado epígonos y forzados por estéticas nihilistas o contestatarias, un juego de niños en el fondo que rápidamente se quema en el tiempo. Aquí se veía algo de todo esto: emulación, nihilismo, pose; pero también reflexión, humor, zozobra y textos inteligentes. El tema titular del disco describía los horrores de la guerra influido por el Guernica de Picasso. Su estribillo repetía “azul y rojo es destrucción”.
El grupo madrileño de rock urbano Los Canallas editaron en 2.000 un disco mayoritariamente formado por canciones de la Guerra Civil (bando republicano), titulado apropiadamente Nunca Más!. En él se podían escuchar clásicos como Si me quieres escribir, La Tarara o Himno de Riego. Contaron con la colaboración de Loquillo (en L´Estaca de LLach, uno de los cortes no reminiscentes de la época) y con el boicot de la CNT (si es que no tenemos remedio). Hablando del rockero barcelonés, en 2.004 produjo y puso música al documental dirigido por su pareja, Susana Koska, Mujeres en pie de guerra, basado en la experiencia de mujeres del bando republicano narradas en primera persona. La banda sonora fue editada en CD.
El mundillo radikal abunda en ejemplos de versiones aceleradas de temas republicanos o inspirados en la Guerra. No nos detendremos. Sólo recordar aquel estribillo de La Polla Records en No somos nada: “Somos los nietos de los que perdieron la Guerra Civil…” (ojalá algún día uno de esos nietos llegue a Presidente del Gobierno sin necesidad de usar ese dato políticamente). O aquellas palabras de la portada y contraportada del segundo elepé de Kortatu, La línea del frente: “Irún (1.936).- Milicianos antifascistas defienden…bajo el fuego enemigo y alrededor de la Ikurriña… el general Mola ataca Irún. Objetivo: cortar a las provincias vascongadas de la frontera francesa…”. Ya saben, el año en que España invadió el País Vasco mientras el resto del Estado vivía un dulce verano.
La escena británica siempre ha mostrado fascinación por la iconografía de nuestra contienda, desde la denominación de la banda de Vini Reilly, The Durruti Column, en homenaje al leonés Buenaventura Durruti (destacado líder de la CNT, muerto en Madrid al poco de iniciarse la guerra por causas aún no aclaradas), y su famosa y controvertida columna; al sello que publicó las primeras grabaciones de The Sisters of Mercy, que se llamaba CNT. Y qué decir de los Clash, verdaderos abanderados de la toma de conciencia política del punk (desgraciadamente una de esas bandas brillantes que influyen a centenares de grupos mediocres), y su ya mítico Spanish Bombs, texto de un Joe Strummer siempre obsesionado por la figura y la desaparición de Federico García Lorca.
Cuando apareció el ragtime, a finales del siglo XIX, su novedoso ritmo sincopado hizo que fuese tachado de vulgar, capaz de arrastrar a los jóvenes a la más pantanosa inmoralidad y hasta directamente satánico. Os podéis imaginar lo que opinaron ante la llegada del incontenible jazz en la década de los veinte, o del rock´n´roll treinta años después. Sepan ustedes que el visionario escritor Bob Larson sostiene que “el rock´n´roll es parte de un plan de Satanás para conducir el mundo a la decadencia moral” y que Monseñor Corrado Balducci (un cuervo oficial, ojo, y máxima autoridad en estudios de posesión diabólica) advertía en plena década de los noventa de lo mismo (Satán… ¿dónde estás mientras escribo esto, a mi derecha o a mi izquierda?). En el inmenso campo de la relación Lucifer-Rock, las amenazas, invocaciones diabólicas y tentaciones al oyente mediante mensajes subliminales escondidos entre los surcos de negro vinilo, que revelaban su significado al cambiar la velocidad del disco o pasándolo al revés, forman el mito más perverso de la música del diablo; ése que moraba en la pelvis de Elvis, la mano ¡zurda! de Hendrix, los morros de Jagger o el lisérgico cerebro de Lennon. Pero el caso paradigmático es el de Robert Johnson, el enigmático músico de blues que tan notablemente influyó en la música de Bob Dylan, Los Rolling Stones, Eric Clapton y tantos otros. La leyenda dice que vendió su alma al diablo un día en que éste lo esperaba en un cruce de caminos, a cambio de ser el mejor guitarrista de blues. Grabó sus veintinueve míticas composiciones en cinco sesiones repartidas entre el otoño de 1.936 y la primavera de 1.937, muriendo en otro cruce de caminos envenenado con estricnina en 1.938. En su momento muchos dijeron haberlo visto tocando la misma noche en distintas y alejadas ciudades.
Discos como “African Latino Voodoo Drums” de Choco And His Mafimba Drum Rhythms te traen los sonidos de un auténtico ritual vudú haitiano sin tener que desplazarte. Puedes escucharlo mirando a María Jiménez en la tele con el volumen bajado, es sólo una sugerencia. Inmigrantes de la citada Haití, cuando era colonia francesa llegaron masivamente a Nueva Orleáns, agregando a su abigarrada mezcolanza cultural, entre otras cosas, el latido de su música y su pegajoso tinte vudú. Mientras les dejaron, solían reunirse los sábados y domingos en la zona de la arboleda de Congo Square para invocar, al ritmo marcado por tambores o incluso bidones, a sus divinidades de ancestros africanos. Esa herencia evoca a su vez el incombustible Dr. John, veterano pianista que mantiene viva la llama del mejor r´n´b de esa ciudad, recogiendo el legado de sus maravillosos pianistas (Champion Jack Dupree, Allen Toussaint, Professor Longhair…).
En jugar con el vudú y bromear sobre la vida y la muerte era todo un maestro el excesivo Screamin´ Jay Hawkins, el descomunal ex – militar y boxeador, rocker seminal, apasionado bluesmen y crooner de la sicalipsis y lo apocalíptico. Sobre su piano se podía ver todo un altarcito dedicado a la magia negra, como una mano con vida propia, serpientes, arañas, cruces y otros abalorios; además de su vieja compañera, la calavera fumadora Henry, coronando su báculo. Uno de sus trucos más populares era salir a actuar de un ataúd colocado sobre el escenario. Parte de su parafernalia fue utilizada por otro temible aullador, el rocker británico Screaming Lord Sutch, reencarnación viviente de Jack El Destripador. Son muchos los que piensan que los Cramps, padres absolutos del rock and roll más genuinamente infecto y herrumbroso de los últimos treinta años, perdieron mucho de su poder amenazante con la marcha del hiriente guitarrista Brian Gregory en 1.980. En la época se hablaba de las querencias satánicas de este hombre de espectacular flequillo canoso, jugando con el fuego del más allá, yendo más lejos de las historias de zombies de la pareja Ivy-Interior. Dicen por ahí que una bruja del siglo XIX fue contactada mediante guija por un fantasioso personaje y que ella, para fastidiarlo, le dijo que él era su reencarnación. El tipo parece ser que se lo creyó a pies juntillas y procedió a apropiarse de su nombre para iniciar una perversa aventura rock, cuando éste aún podía serlo. Vincent Furnier, el hijo de un predicador residente en Arizona, pasó a ser Alice Cooper, y a convertirse en el hombre de la guillotina, dejando caer ante sí cabecitas de muñecas y pollos por él ajusticiados en escena, así como a colocarse una pitón en el cuello y teatralizar por primera vez las pesadillas del mal para consumo masivo de adolescentes, anticipándose a toda la horda de jevilongos de mirada torva y ojos pintados. Los oscuros Black Sabbath de Ozzy Osbourne (el hombre que cuando estaba puesto le hablaba a su caballo, y éste le contestaba), fue la banda que inició la relación entre el Heavy Metal y lo satánico, los de Birmingham portaban en su mejor época unos excesivos crucifijos que los protegían de los malos espíritus confeccionados por el papá de Ozzy. Compatriotas suyos como Venom (padres del Black Metal junto a los suecos Bathory) ahondaron seriamente en el tema, llegando a tener problemas para tocar en Estados Unidos durante los ochenta. La senda la siguieron la tremebunda escena del Black Metal noruego y personajes como el danés King Diamond; y en los noventa bandas como Deicide, desde la luminosa Florida. La onda siniestra propiciada tras el punk se acercó al terror y lo oculto tangencialmente, como apuesta estética más que nada, tanto en imagen como en un concepto pop filtrado de tensión y atmósferas dramáticas: Joy Division, The Cure, Siouxsie, Killing Joke o Bauhaus, tan tétricos ellos cantando “Bela Lugosi Is Dead”.
La escena continuó entrados los ochenta con formaciones como Southern Death Cult (después The Cult en plena estampida en pos del Hard-Rock), Theatre Of Hate o Sisters Of Mercy entre muchos otros. No olvidemos aquí la aparición de productos netamente serie-B como la escena psychobilly capitaneada por The Meteors (que hunde sus raíces temáticas en lo más ignoto del rockabilly de los cincuenta), o casos obsesivos como The Misfits, enamorados de un mundo repleto de tumbas abiertas. Los de Glenn Danzig, decidieron, el 28 de febrero de 1.979, trasladarse con un equipo móvil a una casa abandonada de New Jersey sólo porque tenía fama de embrujada y grabar allí. Posteriormente, mientras mezclaban las cintas, extrañas voces y ruidos se escuchaban de fondo (uuuhh).
En plan megalómano Graceland es el plato fuerte, qué duda cabe. George W. Bush, en una de sus pocas actuaciones no agresivas, invitó a visitar la mítica vivienda de Elvis al primer ministro japonés, Junichiro Koizumi cumpliendo así el sueño de éste (qué bien, un político con sueños no prosaicos). Con ella se inició la mitología de las mansiones de las estrellas del rock. Elvis la compró en 1.957, y allí llevó a sus papás y a la abuela. Veintitrés habitaciones y seis hectáreas de terreno rodeándola y al poco tiempo la mamá ya tenía pollos piando por el porche. Allí tuvieron lugar gran parte de sus excesos y excentricidades de noctámbulo (como disparar a sus electrodomésticos). Un sitio tan excesivo, estadounidense y hortera como para que de su fuente manase coca-cola. Se ha convertido en lugar de peregrinación de centenares de imitadores y miles de seguidores de todo el mundo, ya que Elvis descansa allí. Por cierto, la van a convertir en Monumento Histórico Nacional, no en vano es el lugar más visitado de los Estados Unidos tras la Casa Blanca. Lo mismo ocurrirá con la casa de Bob Marley. Qué desperdicio, con la de apartamentos que podríamos sacar los españoles de ahí.
La mansión de Michael Jackson se llama Neverland, situada en el Condado de Santa Bárbara, en Los Ángeles, surgió sobre un terreno comprado en 1.988 por el artista. Tan tierna ella, allí te puedes pasear en unos caballitos que no paran de dar vueltas, montarte en sus locomotoras, visitar el zoológico, o jugar a la guerra con bombas de agua, esas cosas. La de Prince es Paisley Park, en Minneapolis, y debe parecer un apartamento comparada con la anterior. Erigida (porque las mansiones se erigen no se construyen) tras los espectaculares beneficios de “Purple Rain” en 1.984; aquí se encuentra también su estudio de grabación. En un penúltimo ataque de vanidad, Prince, imitando al Willy Wonka de “Charlie y la Fábrica de Chocolate” decidió introducir siete entradas plateadas en el interior de su último trabajo, “3121”, los siete afortunados serán obsequiados con un viaje a Paisley Park y un concierto sólo para ellos. No sé en qué habrá quedado esa historia.
Bob Dylan anduvo de casa en casa bastante tiempo a su llegada a Nueva York. Nuestro sin techo preferido unió casa e inspiración en las sesiones que dieron lugar a “The Basement Tapes”. Después de retirarse a Woodstock con su mujer e hijos tras su accidente de moto, hizo llamar a The Hawks, que seguían siendo su banda de acompañamiento, para trabajar en proyectos e ideas aún sin perfilar. Éstos aparcaron su vida de moteles y alquilaron una gran casa cercana pintada de color rosa, bautizada por ellos como “Big Pink”. Allí, durante casi todo 1.967, ajenos a la abducción psicodélica, se grabaron y compusieron decenas y decenas de temas en los que Dylan se congraciaba con la tradición rural de Estados Unidos. Cuando The Hawks se reconvirtieron en The Band al año siguiente, llamaron a su mítico primer álbum “Music From Big Pink”. Por una razón u otra Bob no tenía suerte con sus sucesivos domicilios, en 1.973 fijó la residencia familiar en la península de Point Dume, cerca de Malibu Beach, en California. Su construcción fue una odisea de tintes surrealistas cuando bobby decidió crear su propia fantasía, como él mismo decía. Durante los siguientes tres años, artesanos hippies contratados hicieron a mano los azulejos para baño y cocina (sus hijos diseñaron los azulejos de sus baños personales), las puertas fueron hechas a mano, no habiendo dos iguales, sobre la piscina se colocó un puente cuyos pilares tenían la forma de piernas de mujer, y el se empeñó en colgar del techo uno de sus primeros coches. En fin…
No todos están igual, claro, unos Stones ilusionados, recién llegados a EEUU quisieron visitar los estudios Chess de Chicago para conocer a sus ídolos, entre ellos Muddy waters, intérprete del blues que los bautizó. La sorpresa fue encontrarlo subido en unas escaleras pintando las paredes de los estudios, mientras ellos, gracias en buena parte a su inspiración, iniciaban la conquista de aquel país.
Estimados Psicocamaleones:
En 1.984 une intenciones con el citado ex – Subterranean Hawks Dave Kusworth, dando lugar a los Jacobites, en mi opinión su etapa más inspirada. Ese año publican Jacobites, recreaciones acústicas algo deslavazadas que apuntan claramente sus intenciones (“Silver Street” ha sido versionada por Mercury Rev). Poco después, sin embargo, alumbran el doble The Robespierre´s Velvet Basement, para mí su mejor trabajo.
