Nikki Sudden: Desde otra época

nikki_foto.jpgEstimados Psicocamaleones:

Cada vez más fuera de tiempo, y acompañado para siempre de apelativos como “maldito” (ese que tanto detestaba), “mitómano” o “francotirador”, Nikki Sudden nos dejó el pasado 26 de marzo, tras un concierto en Nueva York.

Erudito, positivo y siempre lleno de proyectos, alternó la actividad musical con el periodismo en algunas épocas (en los últimos tiempos preparaba un libro sobre Ron Wood, y trabajaba en una primera novela, “Albion Sunrise”). Nómada y trotamundos, este londinense llevó su música desde recogidas actuaciones acústicas a vendavales eléctricos, aunque siempre destacó su querencia por el matiz (él decía que hacía “english rock”); con esa voz lánguida, lentificada, siempre a una velocidad menos que una música envuelta por su obsesión por el período 69-74 de los Rolling Stones, y discos como “Electric Warrior” de T-Rex.

Su proverbial clasicismo fue el fruto inopinado de unos inicios musicales con vocación rupturista. Su primera banda, Swell Maps, inició su andadura en 1.972, cuando Nikki contaba 16 años. Influidos por el rock alemán o la Velvet, y absorbidos en la inercia punk, fueron el típico destello de la confusa época post-punk, tan inspirado como atropellado, siempre estimulante, basado en experimentación anárquica, improvisación disonante, desarrollos comatosos, guitarras de chatarra y combustión espontánea; consumada ésta en 1.980 dejando un par de elepés de interés, A Trip To Marineville (1.979) y Jane From Occupied Europe, al año siguiente. Su legado se puede rastrear en la manida generación noise, capitaneada por Sonic Youth. Con este grupo fue con el que alcanzó mayor popularidad, el único momento en que su música acompañó a su tiempo. De aquí partió la carrera en solitario de Sudden, y surgieron su hermano Epic Soundtrack, estimable compositor y futuro miembro de Crime & The City Solution y Jowe Head de Television Personalities.

El disco Waiting On Egypt de 1.982 (primero a su nombre) puede considerarse eslabón entre la etapa Swell Maps y la posterior (está “Stuck On China”, pero ya encontramos la gran “Still Full Of Shocks”), apuntada más claramente en The Bible Belt de 1983, donde ya aparece Dave Kusworth, que incluye “Road Of Broken Dreams” (firmada a medias con Mike Scott de The Waterboys), futuro clásico de los Jacobites en versión más reducida, y cuyo tema “The Angels Are Calling” ya suena cien por cien Jacobites.

jacobites.jpgEn 1.984 une intenciones con el citado ex – Subterranean Hawks Dave Kusworth, dando lugar a los Jacobites, en mi opinión su etapa más inspirada. Ese año publican Jacobites, recreaciones acústicas algo deslavazadas que apuntan claramente sus intenciones (“Silver Street” ha sido versionada por Mercury Rev). Poco después, sin embargo, alumbran el doble The Robespierre´s Velvet Basement, para mí su mejor trabajo.

Esta época confirma y marca plenamente la senda elegida por un Nikki Sudden comprometido con una visión clásica del rock y un período concreto (la música de su adolescencia), que llegará hasta el final de sus días. Romanticismo, dandismo decadente y glamour desarrapado. Rasposas y delicadas, las canciones avanzan con lentitud enhebrando y confundiendo eléctricas y acústicas a la vez que rememoran la épica de todas las derrotas. Ambos músicos comparten un gran talento para los medio tiempos, melodías de añejo y estremecedor sabor que acarician ralentizadas la textura del riff y el halo stonianos, la expresión dylaniana, el desarrollo de Neil Young o la vulnerabilidad del Johnny Thunders más amargo. Sí, deslizándose por el filo de una navaja que es ya camino polvoriento de acordes esenciales repitiendo continuamente su eco. Un sonido con una pátina desencantada, esa sensación casual de reunión de amigos cargada de sensaciones e imperfecciones. Su discografía no reaparecerá hasta los noventa, abundando la recopilaciones y los lanzamientos con descartes e inéditos, hasta God Save Us Poor Sinners de 1.998, un buen disco que ya será el último suyo con Nikki vivo.

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Tras un par de discos conservando la denominación Jacobites sin Dave, Texas y Dead Men Tell No Tales, Nikki se lanza a una producción nutrida y dispersa, en la que abundan las colaboraciones y salta con facilidad de uno a otro de sus espectros sónicos preferidos; a veces guadianesca y siempre zigzagueante, con elepés de aliento acústico y folk que van desde The Last Bandits On The World acreditado a The Last Bandits, y el esencial Kiss You Kidnapped Charabanc (1.988) grabado junto a Rowland S. Howard (debían haber colaborado mucho más), al más reciente Red Brocade (1.999), grabado en Chicago y que cuenta con la colaboración de Jeff Tweedy de Wilco (“Farewell, My Darling”). Tiene sus momentos guitarreros, pero es mayormente reposado, trufado de canciones delicadas que es donde reside lo mejor de este trabajo, preciosista en los arreglos de cuerdas y vientos. Destacan también, como complemento, trabajos de afilada electricidad a lo Crazy Horse, como el doble Maxi Groove de 1.989 (acompañado de la formación The French Revolution, con la que grabará su hiriente versión del “Captain Kennedy” de Neil Young para un disco homenaje); los aires country de The Jewel Thies (1.991) (también denominado “Liquor, Guns And Ammo”), con el apoyo y producción de sus fans REM o Seven Lives Later de 1.996, intensa dosis suddeniana grabada entre Londres, Praga, Berlin y Chicago. Tras unos años sin grabar, volvió con Treasure Island (2.003), a la postre su último disco. Un trabajo muy especial por este motivo y por ser el mejor en casi veinte años de un músico que se ha ido con mucho que decir. Muestra a un Nikki desperezado y enérgico, con un repertorio variado y luminoso que recurre al gospel, al country, al blues o al pop; tanto al sofoco de guitarras constreñidas como a inspirados coros y arreglos de piano, órgano o metales. Contando con colaboraciones de ensueño para él, como un portentoso Mick Taylor (acojonante en “House Of Cards”) o el ex – Faces Ian McLagan. Hasta siempre.

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4 Responses

  1. Excelente trabajo señor Molina, como ya nos tiene acostumbrados. El único pero es el desliz del final: El adjetivo acojonante queda algo mundano después de la brillante catarata de adjetivos del resto del artículo. A ver si estamos más atentos!

  2. la revista de eMILIO dice:

    su adjetivo era ese cohone, acojonante es una palabra con una gran fuerza que deja entrever al fanático de la música, la prueba de que tiene sensibilidad y acerca al lector a una música que justamente promulgaba que hay que hacer música con cojones y auténtica (quizá dos palabras sinónimas en el rock).

  3. la revista de eMILIO dice:

    música, música, música, qué bonico

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