No me dejes

Lo hizo por él, porque no merecía seguir viviendo una mentira. Acababan de salir de su casa: las primeras luces de la ciudad, aprestándose para el crepúsculo, se extendían a ambos lados de la cuesta.

- De verdad que lo siento, pero esto se ha terminado.

- ¿Qué… qué quieres decir? – dijo él, sin poder reprimir un quiebro plañidero en el tono de su voz, o tal vez quebrándolo a propósito para hacerla sentir culpable y demorar su decisión un día, una semana, una vida más.

- Te quiero, pero no estoy enamorada de ti. No puedo, no… tú te mereces a alguien que te ame y…

- ¡Pero yo te quiero a ti! – su inminente expareja perdía la compostura por momentos -. ¿Me vas a dejar? ¿Es eso? ¿Me vas a dejar?

Ella tragó saliva y miró su cara, vuelta hacia ella en un giro forzado.

- Sí. Es lo mejor para los dos.

- Por favor, no… no, no, no puedes hacerme esto, te lo suplico por lo que más quieras, no… no me dejes… ¿Por qué ahora? ¿Por qué en este momento?

Las palabras se atrancaban en sus fosas nasales, y salían atropellándose en pequeñas explosiones de llanto y moco líquido. Ella se obligó a mirarlo una vez más. Se lo debía.

- ¿Y cuándo sería buen momento? ¿Cuándo será una buena noticia? ¿Debemos seguir juntos hasta el fin de semana? ¿Hasta el miércoles que viene? ¿Podrías estar conmigo sabiendo que yo no quiero? No, eso es precisamente lo que no puedo hacerte. No tengo derecho a convertirte en eso.

- Espera…

- ¿A qué? ¿Para qué prolongar la agonía? No, es mejor terminar ahora. Adiós – zanjó ella, soltándole.

- ¡No! ¡Noooo!

Se dio la vuelta, corrió hacia la casa y cerró la puerta a sus espaldas para no oír las súplicas patéticas del que ella había querido que fuera el hombre de su vida, el llanto y los agudos alaridos que lanzaba mientras la silla de ruedas iba ganando velocidad por la cuesta vertiginosa que conducía a la autopista.

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2 Responses

  1. Antoño dice:

    ¡ Killooooo !, discúlpame… son ‘mushas’ letras ‘p’leer’. (A lo mejor es interesantísimo…. pero paso).

  2. lopezrubiño dice:

    Ni que fueran las páginas amarillas.

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