El puente de los enamorados

Apretó levemente su mano, como quien sostiene un pajarillo que cayó del nido y teme asfixiarlo. Con la izquierda lanzó una piedra desde el puente de los enamorados.

- Deseo que vivamos siempre en este rincón del verano – dijo.

Ella le rozó la nuca con los labios y tomó otro guijarro. Lo dejó caer al vacío.

- Deseo que mi amor te proteja del tiempo.

Él sopesó otra piedrecita y la tiró abajo, apoyando la cabeza contra su busto.

- Deseo que nuestra felicidad no padezca jamás un rasguño.

Y entonces, para mostrar el beneplácito de la providencia, se obró el milagro.

Porque aquella piedrecita lanzada desde el puente sobre la autopista atravesó el parabrisas de un turismo, cuyo conductor, sobresaltado, giró bruscamente el volante, lo cual hizo que chocara con un camión y que ambos vehículos volcasen sobre el asfalto obstruyendo la vía.

Los amantes, viendo que los dioses habían dado señal de que cumplirían el deseo, se marcharon paseando de la mano, sin prisa, mecidos por la nana de metal y cristales rotos, por encima de los coches que seguían chocando unos con otros, por encima de los cuerpos desencajados y los segundos, los minutos y las horas.

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7 Responses

  1. McManus dice:

    Genial, genial. Como siempre, otro texto que se desarrolla bien y sorprende al mundo con su final.

  2. EC-JPR dice:

    Hostia, qué macabro… Me ha gustado :D

  3. Juanfran dice:

    Mu romántico, si señor.

  4. A. Romero dice:

    ¡Gracias! Es sólo un cuentecillo tierno para las almas sensibles que, como yo, no pueden evitar derramar una lagrimita cada vez que ven “La matanza de Texas”.

  5. as dice:

    la DGT debería hacer un spot publicitario advirtiendo del peligro de las parejas de emamorados.
    Algo así: ” si se emamora sea consciente de que pone en peligro
    vidas humanas”
    Gobierno de España.

  6. Antoño dice:

    ¿A quién hay qué reclamar por la portada? Seguramente estará de vacaciones. ¡Vaya vacaciones ++++ larga, yo las quisiera para mí! ¡¡¡Ya, es estrés postvacacional!!!!

    Sr. Romero, disculpas por utilizar su espacio.

  7. A. Romero dice:

    No se apure, don Antoño: a usted hay que cederle el espacio, el paso y hasta el sillón de orejas de la abuela si hace falta. Que está usted en su casa, oiga.

    Y no le falta razón en cuanto a las vacaciones del portadista. Anda el hombre de crucero transoceánico por todo lo alto. La última postal nos la envió desde el estómago de un tiburón blanco.

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