Los más bellos cuentos zen (cuento nº 474)

Cuando el maestro zen elevó el arco y disparó su flecha sobre las copas de los árboles, el emperador no disimuló su escepticismo, pues ignoraba que en el bosque aguardaba escondido el discípulo, preparado para dibujar una diana en torno a la flecha allá donde cayera. Y así, cuando se internaron en el bosque, el emperador maravillado tuvo que exclamar: “¡Maestro, qué prodigiosa puntería! ¡Habéis acertado en la cabeza de vuestro discípulo!”.

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1 Response

  1. Jalan Morro. dice:

    Maestro:
    -¡Bah!,¡era votante de los PPSOEZ!,(Preparando Parados Sin Opción Empleos Zarándeados).

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