Senatori dell’Amore

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Copertina5.jpgNuccio sólo quería encender los celos de Tommaso.

Hacer que demostrase que le importaba, que aún sentía algo por él.

Llevaba meses sin dirigirle una palabra cariñosa: es cierto que seguía lanzando algún requiebro subido de tono, expresiones procaces como “indicadores macroeconómicos” y “funcionamiento democrático”, pero sin la pasión de antaño, sin los pequeños gestos libidinosos de siempre: ya no se alisaba la corbata, y sólo carraspeaba muy de cuando en cuando.

Por eso Nuccio dijo lo que dijo sobre Romano. Para aventar los rescoldos de un romance que se extinguía ante sus ojos desolados.

“Apoyaré a Prodi”.

La reacción de Tommaso fue inmediata, tanto que ni siquiera llegó a ver cómo le cambiaba la cara. Cuando lo miró ya corría hacia Nuccio, la faz encarnada, ardiendo en combustión espontánea de lujuria.

“Vendido, cornudo, pedazo de mierda”, gritó Tommaso, pues sabía cuánto excitaba a su enamorado el lenguaje sucio.

Nuccio había planeado seguir con la comedia, mantener su pretendida indiferencia, al menos un par de horas más. Así aprendería. Pero al verlo allí, trotando a su encuentro como un potrillo impetuoso, indefenso ante sus propias emociones desbocadas, no supo fingir más.

“¡Maricón!”, lo llamó, eufórico.

Y siguió:

“¡Maricón, eres una puta!”.

La temperatura de la sala no hacía más que subir. ¡El termostato había reventado en una explosión de fuegos artificiales! Los demás senadores se sumaban a la orgía, acariciaban a Nuccio y Tommaso, se frotaban contra sus cuerpos, palpaban sus pezones endurecidos a través de la camisa.

Tommaso, enredado en una maraña de miembros sudorosos e incapaz de llegar hasta su amor, lanzó un beso húmedo a través del aire. La saliva caliente resbaló espumosa, champán afrodisíaco, por las mejillas de Nuccio. ¡Oh, cómo contener el corazón dentro de su pecho!

“¡Eres una muñequita!”, gritó en un último aliento entrecortado, y se desvaneció en un enjambre de manos que sobaban cada centímetro de su cuerpo.

Más tarde, Tommaso admitiría ante la prensa que no había tratado bien a Nuccio. Pero todo iba a cambiar: un nuevo amanecer de romanticismo ideológico volvía a iluminar Italia.

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4 Responses

  1. POR SEGUNDA VEZ dice:

    SR. Romero, a sus pies.

  2. chema dice:

    Y luego cuando uno es politacamente incorrecto, lo miran como bicho raro.
    Este mundo es de locos. Viva el surrealismo !!!
    Y es que pensar en la pila de delincuentes que deciden lo que estudiamos o pagamos o…
    AAAHHHGGG!!!!
    Vamos qué…!!!

  3. A. Romero dice:

    ¿Qué les pasa a mis pies? Si me los lavé hace muy poco, el 30 de enero de 2006.

  4. A. Romero dice:

    Don NeoChema, suscribo el AAAAHGGG!!!!

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