Cuando Celeste era una preadolescente, era preciosa, y la precipitaron en el predio donde hizo el preescolar. Ella prefería no procrear pero quedó preñada prematuramente. Prorrogó su profesión profanando las promesas que profirió a sus propios padres y partió hacia una provincia próxima a Praga. En Praga le presentaron a un prestigioso prestidigitador prusiano que profesaba el protestantismo. El prestidigitador era un prócer en Praga y un prófugo en Prusia. Como buen prusiano, no era profeta en Prusia.
Celeste, que en las protestas prefería ser protagonista, se preparó, practicó los programas, y se proclamó precozmente como profesora de predicadores, preludio a su pronunciamiento de priora. El prusiano, por su problemática procedencia, la tenía prisionera de su prepotencia, le prohibía progresar, pero Celeste procuró prescindir de los preceptos del prestidigitador y presurosa, aprovechando la primavera, se buscó un príncipe que la pretendiera.
Prorrumpió en escena un proletario présbita y prognato más parecido a un primate que a un prohombre. Su prestancia, algo pretenciosa, provocaba a primera vista la preocupación de los presentes. Está mal prejuzgar y presuponer que por su primitiva apariencia estará privado de presentarse como un príncipe. Con el pretexto de usar prótesis explicó su prognatismo y procedió a presentarse como presidente, presbítero, procónsul o algo así.
Si este pringado es procónsul yo soy proctólogo –dijo el prusiano.
-¡Qué procaz e improcedente proclama!- profirió el proletario con pruritos proconsulares. Y prosiguió: “Estoy presto a propinarle un pródromo”
-¿Un Prólogo? –preguntó el prusiano.
-No, un pródromo, un problemita que precede a un problema. Prometo que le produciré un prolapso nada proficuo. ¡Sus progenitores debieron prevenir su proliferación con preservativos!
-Sepa que mi progenitor fue un prioste prominente al que la Providencia premió con un primogénito de probeta. Por problemas de próstata y prurigo en su prepucio no producía preñez en mi progenitora, y les presagiaron lo peor. Predispuestos a todo, como prolegómeno, procuraron la presencia de una prodigiosa prostituta. Los preparativos del proyecto los hizo un proxeneta probo, prolijamente, para que nadie se propasara. Procrastinaron el proceso mientras parecía proclive o propenso a perecer, pero una proeza de la prodigiosa profesional, propulsó que al final fueran profundamente privilegiados.
-¿Y qué proeza produjo la “profesional”? –preguntó el proletario con prisa y precaución.
-Una proeza proteínica. Preparó priscos con praliné y quitó prioridad al priorato.
Celeste se pronunció como una preeminente profesora de predicadores:
“No prolonguemos más la prosa. No tengo predilección ni por el prestidigitador prusiano ni por el proletario o procónsul nacido de probeta. Presiento que premoriré a ambos y pretendo protegerme y prosperar. Desde la prehistoria las preadolescentes prefieren a los preexcelsos príncipes antes que a los prosaicos prehomínidos. Soy precisa y lo probaré proclamando preclaramente: ¡No soy vuestra presa, predadores!”
Ilustraciones: Martín Favelis