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Mis deseos para esta Navidad

Jueves, 13 de Diciembre de 2007 por Ivo Puzak Lecturas:11113

1-Que me entreguen la llave de la casita que me compré.

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2-Configurar el ordenador de a bordo.

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3-Que vuelva a existir el médico familiar.

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4-Saber quién soy.

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5-Dejar de envidiar a los que saben disfrutar de la vida.

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6-Ordenar mis fantasías.

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7-Prohibir el tunning.

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8-Perdonar a Patty y a Selma.

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9-Que todos tengan acceso a los airbags laterales.

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10-Que no vengan mis suegros.

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11-Que la brisa del cambio climático sea tolerable.

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12- Y que se cumplan mis verdaderos deseos, que son los que siguen:

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Del humor también se vive

Jueves, 25 de Octubre de 2007 por Ivo Puzak Lecturas:10733

Soy un profesional, cuando me lo propongo puedo llegar a ser muy gracioso, le dije a mi jefe. Qué pena que lleves tanto tiempo sin proponértelo, comentó él en voz muy baja pero perfectamente audible. Los doce miembros de la comisión directiva se habían reunido con el fin de dejar claro el tema y concluyeron que, o los hacía reír o me podía dar por despedido. Intenté unos primeros actos de mímica de esos que suelen dar buen resultado siempre. Sus caras parecían las de la última cena. Hice como que me tropezaba con el café y me lo eché encima, la taza explotó contra el suelo. La mancha considerable sobre las partes nobles me dio pie para poner el gesto de que me estaba quemando y allí me explayé con sacudones de manos, apretones de dientes y ojos estrábicos. Se escuchó una tos, un carraspeo de tolerancia. La mayoría hablaba por su teléfono móvil y el que no había escogido aún esa excusa para evitarme, sencillamente se llevó las manos a la cabeza como si se preguntara por qué le tocaba estar allí justo a él en ese momento. Yo no me desanimé porque sé que puedo ser muy bueno si me lo propongo.

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Le extendí mi mano a uno de ellos, al que tenía más cerca. Un hombre serio y corpulento, muy respetado por la comisión, un estandarte para la empresa. Su educación lo obligó a extender también su mano como respuesta a mi saludo pero justo cuando iba a cogerla, retiré la mía velozmente y la subrayé con un alarido: “ooooooleeeee”. Fue genial. Sin embargo me percaté de que sus ánimos no habían cambiado. No se escuchó ninguna carcajada como las que soy capaz de provocar. Entonces recurrí al mejor de mis gags. Nadie se resiste cuando imito a una lavadora y allí me lancé a por todas. Salté sobre la mesa para que vieran que además de ser un gran cómico mantengo una estupenda forma atlética. Cinco de ellos se retiraron en ese mismo momento, supongo que tentados por la agudeza y la ironía que escondía mi acto. Otros se limitaron a separar los teléfonos de las orejas para quedarse estupefactos, no podían creer lo que veían. Empecé a demostrar cómo hace una lavadora cuando se le solicita un lavado de prendas sensibles. Cerré los ojos con fuerza, apreté lo puños y di un par de giros sobre mi pie izquierdo para que vieran de lo que soy capaz cuando quiero imitar un buen centrifugado. Me sentí pleno, íntegro, olí la gloria y la incomprensión en el mismo momento en que abrí los ojos y comprobé que me había quedado solo en la sala. A cuántos genios les habrá ocurrido lo mismo.
Mi arte es para pocos, reflexioné. Esta gente no tiene sentido del humor y luego pretende transitar las estrechas avenidas por las que circulan los grandes artistas, los que trascienden, los que utilizamos la emoción y la poesía como moneda corriente.
Me despidieron. No quisieron reconocer que se partieron de risa cuando interpreté mi papel de lavadora. Soy un talento no reconocido. Veremos quién es el último en reír.

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Ama a tu coche como a ti mismo

Lunes, 27 de Agosto de 2007 por Ivo Puzak Lecturas:11652

El humor es la galantería de la desesperación, dijo Unamuno. Y ahora entiendo por qué el humor se pasea constantemente por mis pensamientos. Soy un caballero desesperado que no quiere perder la elegancia. No encuentro mejores alternativas que el humor, la ironía o el suicidio de los otros. Aquellos a los que no soportamos más pero no nos animamos a matar por razones de civismo. Además, a esta altura de la vida, nadie debería autoproclamarse juez y verdugo de otro, aunque ese otro fuera un pesado que logra su cenit espiritual llenando el carrito en el Carrefour.

Disculpen que me haya ido de tema. Lo que ocurre es que lo que tengo que decir es muy breve y muy sencillo, así que cualquier digresión, supongo, es bienvenida a modo de introducción o entrante para el indigesto párrafo que sigue.

favelis 2.gifSiento vergüenza, cansancio y pena por el desorden, el caos, el desajuste existente respecto de la cantidad de automóviles en circulación y la falta de espacio para dejarlos abandonados. Es que no hay lugar ni para eso. Lo más práctico para deshacerte de tu coche hoy es pagar cien euros mensuales al propietario de esas cosas oscuras, húmedas y con olor a enfermedad pulmonar a las que llaman cocheras. Donde, por cierto, para que el coche quepa debes cortarlo por la mitad. Al coche, no al propietario. Por otro lado, el planeta está moldeándose, desde hace un buen rato, más a la medida de los coches que de las personas. Eso apesta. Tengo una amiga que se hartó de vivir en pisos en donde sólo cabía su cafetera y se alquiló un garage. Me dijo que los buenos espacios en Barcelona están reservados para los ricos o para los coches. Así que se alquiló un garage y adentro se armó un piso de lujo. Por lujo debe entenderse: amplitud. Espacio en donde además de una cafetera puede caber uno mismo.

La indigestión del párrafo no reside en la crítica sino en la contradicción. Es que allí me encuentro. En el medio de un hartazgo sin salida. No puedo soportar la falta de lugar para estacionar ni la desmesurada fortuna de tiempo, dinero y espacio que se dedica a los automóviles en esta época. Y peor aún. No soy de esos que quiere vivir en el campo, no entronizo a las energías limpias ni tengo una bicicleta.

Supongo que mi destino es seguir gruñendo en los atascos, insultando a los conductores inexpertos, gastando en servicios para mi coche más dinero del que gasto en mi persona, y pagando multas por dejar el vehículo, a veces, en el único lugar posible.

Esa es la vida del ciudadano conductor de hoy. No importa a qué ideas adscriba, ni si su ética, su moral y su curriculum son intachables. Lo importante es que en ocasiones, dadas las circunstancias, hay una y sólo una opción posible. Y esa única posibilidad es pagar una multa.

Este galante caballero se despide de ustedes antes de que la desesperación lo obligue a comprarse una bici. Buenas tardes.

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Macho, peludo y sudoroso

Lunes, 13 de Agosto de 2007 por Ivo Puzak Lecturas:12282

Ya está. Al fin me he convencido. Cuesta creer las frases que estampan por todos lados y que repiten hasta el cansancio en todo estilo de canciones, pero parece que sí, que lo único importante es el amor. Que el amor es más fuerte, que el amor lo es todo, “que no se puede – no se puede vivir sin amor”, que “ama y haz lo que quieras”.

El arte de conmover lo poseen muy pocas personas. La capacidad de conmoverse también se ha convertido en estos tiempos en una rareza. La situación en general se está desvirtuando a tal punto que no hay ya indicios de grandes amantes y ni siquiera bellezas escogidas que soporten ser amadas.

Intentaré decirlo más claro. Las mujeres, todas, se creen que son feas. Indignas de ser desaforadamente perseguidas y fantaseadas. Los hombres, todos, se creen que este asunto del amor es apenas un argumento para películas. Y en caso extremo de realidad, ya fuera del cine: cosa de maricas. Un hombre, en el sentido de macho, peludo y transpirado, debe creer por la fuerza de la supervivencia de su psique, que lo máximo a lo que puede aspirar en relación con el amor, es a hacer alarde u ocultismo del tamaño de su pene. Los niños ya no nacen y crecen producto del amor. Todo se reduce a varones calentones y a mujeres poco precavidas o al revés. Está claro que el mundo moderno, que a esta altura ya está viejo comparado con el posmoderno, cuando tiene el tiempo o la posibilidad de elegir, elige tener un gato. Los más aventureros, un perro.

La ventaja de esta vida de mierda -que se desarrolla o subdesarrolla en el planeta hostil en que hoy habitamos- es que está llena de errores. Esos errores nos brindan el acceso a sorprendernos de una alegría diminuta, breve. Nos envuelve una calma en miniatura que permanece menos de lo que dura un rato. Y aunque suene abobado y conformista, parece que esos islotes, esos desajustes, esas maniobras ajenas a la voluntad del dios que manejan las corporaciones, esos instantes, resultado de la pérdida del control de lo que nunca fue controlado, esas miradas que llegan directo al alma y la humedecen con su brillo dejando de lado incluso a nuestros ojos, todo eso digo, esos errores, justifican la efímera presencia.

Siento una responsabilidad, supongo que es producto de una vanidad refinada. Me refiero al hecho de creerme en la obligación de que el mundo quede un poquito mejor luego de mi paso por la vida. Mi existencia entera debería servir acaso para acomodar la baldosa floja de mi acera y así evitar que mi vecina, la vieja puta que me tiene harto, se doble el tobillo.

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Se ha dicho que el amor es decididamente lo que nos permite distinguir que estamos vivos. Y retomando el hilo de hoy, debemos amar y tenemos que aprender a ser amados. Sepan las niñas lindas que en la vida no todo es hacer dieta y sepan las feas que no todo se resume en ser macanuda. Sepan los supermiembro que el cerebro también merece lubricación y que hasta a las mujeres que les gustan los machotes atorrantes, una vez horizontales prefieren grandes amantes. La síntesis, para no terminar demasiado cursi, no será con frases de amor de esas que se encuentran en azulejos y marcalibros; será decirles a las mujeres con complejos que, a muchos hombres les atraen las mujeres por el simple hecho de ser femeninas. Y a los hombres que se preocupan por su pelaje, decirles lo que leí por ahí hace un tiempo: “Si el pelo fuese importante, estaría dentro de la cabeza y no fuera”.

Antes y después

Jueves, 28 de Junio de 2007 por Ivo Puzak Lecturas:24860

Antes, mis peores pesadillas eran así:

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Después fueron así:

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Antes, mis mejores fantasías eran así:

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Ahora son así:

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Mi programa de antes:

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Mi programa después:

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Mis ídolos de antes:

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Mi ídolo después:

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Antes se decía: “Los borrachos, los locos y los niños siempre dicen la verdad”

Ahora se dice: “Las borrachas y los borrachos, las locas y los locos, las niñas y los niños siempre dicen la verdad”

Entrevista a Herbert Pérez, el chambón chiflado.

Miércoles, 20 de Junio de 2007 por Ivo Puzak Lecturas:10466

Nuestro personaje de hoy se llama Herbert. Sólo sabemos de él que es demente, que ve entes de tez verde, y que se cree cretense.

- Hola Herbert. ¿Cómo es estar loco?
- Yo estuve chaveta cuando era un chavea chauvinista que chuperreteaba Chupa Chups. Me chacoteaba del Che y de los chicos de Chiapas mientras chicoleaba a Chikatilo. Ahora mi chamorra no chochea, me chifla Charles Chaplin, me choca esta chica Chenoa, y puedo charlar en chino y hasta chapurrear el quechua.

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- ¿Pero eres cretense, verdad?
- Soy chipriota.
- ¡Vaya! ¿Entonces ya no ves seres verdes?
- Veo churumbeles changarines chuchurridos, chilpayates chilposos, chiquilines chabolistas pachuchos y cada tanto algún chaval chartreuse.
- Se puede decir que su vida ha cambiado…
- De un chamizo pasé a una choza, un rancho, una chinama que era un cuchitril. Hoy vivo en un chalet. Antes choriceaba chacina de las chacras, chamorraba chanchos para hacer chicharrones. Ahora como chuletas de chachalacas con champiñones, chocolates checoslovacos, y chapeado de chaqué me doy chapuzones en champaña.
- ¿Lo ha curado un médico?
- No, un chamán chileno.
- ¿Cómo fue eso?
- Yo andaba en cháncharras máncharras. Una noche choqué con el coche, en una ochava, de chanfle, y por chencha no me hice el chequeo después del chichón. Me chantaron que por chulear quedaría chalado y achacoso. No cherchaban. Perdí la chaveta, como si me chapodaran un chip. La noche que choqué el coche chaparreaba. Ni chipichipi ni chubascos. Charcales, chorros, chaparrones y chuzos. El chichón en la cholla me hizo ver pajaritos…
- Querrá decir chirivines…
- Sí, chirivines, churrinches, chirigües, chiriguares, chinacates, chercanes, chichicuilotes, chupaflores, chotacabras, chingolos, chirulíes, charlos, chocoyos, chichiltotes chochines, chorlas, chicalés, chorlitos, chuñas, chimbos, choroyes, chovas, chumpipes, chimangos, chiricotes, chochaperdices y hasta un chimpancé.
- Mayormente pajaritos…

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- La noche que la chingué conocí a un chamán chileno que hacía chanchadas. Cochinadas de chango pero no chanchullos de charlatán. Chano chano chancelló mi chifladura.
- Como por arte de magia
- Sí, sacó ocho chinantas de chicles y chimojo de la chistera . Chinchulines de chinacate y dos chinchillas que chorreaban chinchemolles. Luego un chucho chueco que chozpaba por las chinches, y otras chucherías. El chucho era un chihuahua. Sin más, chancó mi chaladura sin chicanas ni chachareos y me curé.
- Le habrá cobrado una fortuna
- Ni un chelín. Un chollo chanchi.
- ¡Chapó! Le podría haber dado un cheque
- ¡Chispas!¡Qué chistoso! Te daría un chopazo. Un chirlo por chirrichote.
- No se enoje Herbert, pero parece que me estuviera chufando…¡Herbert, no se vaya! Dígame al menos una última cosa…
- Chau

Las palabras utilizadas están contenidas en el DRAE.

Ilustraciones: Martín Favelis

Le decimos María

Miércoles, 27 de Diciembre de 2006 por Ivo Puzak Lecturas:15595

maria.jpgNo sé su verdadero nombre, ni su edad, ni dónde nació exactamente. Sé que es mujer, que es africana y que a pesar de que le cuesta un poco la gramática del castellano, su dominio de la semántica despertaría la envidia de media España.
Un hombre de bien –aclaro que desconozco los alcances últimos de la expresión: “hombre de bien”- la contrató para la limpieza de un establecimiento en donde se llevan a cabo actividades lúdicas. Por actividad lúdica debe entenderse: matar representaciones digitales de seres humanos mediante botones que activan ametralladoras virtuales.
Entré en el lugar por error. Al ver tantos ordenadores creí que podría conectarme a Internet pero, como ya he dicho, esos ordenadores sólo se usan para que los niños que no pueden portar armas legalmente, empiecen a disparar de la manera que sea, a todo lo que parezca humano.
El error no me impidió acercarme hasta una máquina de café allí instalada, para comprar un chocolate caliente. En el momento en que la máquina del hombre de bien se estaba quedando con mi cambio, la mujer africana apareció con elementos de limpieza en la mano y me dijo que la máquina no devolvía monedas. Le mostré el cartelito que aseguraba que sí. Y me respondió que ella no hablaba bien español pero que decía más verdades que esa máquina.
“Ven a limpiar ahora mismo mi oficina, María” gritó el hombre de bien desde unos ocho metros de distancia y aproximándose. “Es una negra hermosa, buena mujer, pero le gusta mucho la charla”. “¿Y se llama María?” le pregunté al hombre de bien, que hacía bailar entre sus dedos un llavero grandote con la imagen del Santo Escrivá de Balaguer. “Le decimos María, no sé cómo se llama, sólo lleva aquí dos años. Y esos nombres moros que tienen no los pronuncian ni sus madres…”
Me parece que el devoto de Balaguer creyó que también yo iba a reírme pero lo cierto es que él fue el único en soltar unas risotadas, y lo máximo que consiguió fue que un empleado flacucho con cara de “necesito el trabajo” dibujara ese gesto lastimoso de mostrar un poco los dientes, acompañado de movimientos de cabeza como significando “qué buen sentido del humor tiene mi jefe…”
Unas semanas después, me encontré de casualidad a la africana en un café de esos que están pegados a los grandes supermercados y charlamos un rato.
No importa qué parte de su historia te cuente. Empiece por donde empiece te echas a llorar. Ella, sin embargo, está agradecida, se siente viva y transmite felicidad. Su marido murió y también dos de sus siete hijos.
Le pregunté su nombre y no se llama María.

Ilustración de Enrique Bonet 

Palabras nuestras

Viernes, 6 de Octubre de 2006 por Ivo Puzak Lecturas:16450

Hoy he llegado a otro límite. Y lamentablemente, el hartazgo del que voy a hablar no está vinculado a esas observaciones seudograciosas que pretenden complicidad en una absurda tragicomedia. Podrían mencionarse asuntos de este tipo sin rebuscar demasiado, cayendo rápidamente en la descripción de un proceso burocrático para un trámite cualquiera, o de los ya famosos paseadores de mascotas que las llevan a desaguar en tu jardín. También cabe la violencia descerebrada inmersa en los juegos indicados para niños, o los productos comestibles que mienten en sus ingredientes, por decir unos pocos, pero lo cierto es que criticar todo esto es sencillo. Es fácil, sí, es muy fácil, porque siempre habrá un perro decorando tu puerta con la asistencia de su otario paseador poniendo cara de sí mismo, nunca faltará un importantísimo trámite obligatorio e impostergable que resulta ilógico, ridículo y caro, siempre tendremos algún genio inventor de imágenes que satisfagan a nuestros niños mostrándoles cómo esparcir la sangre ajena de la manera más espectacular, y no hay duda de que lo que empieza a pervertirse en los anuncios, completa en ocasiones su mentira en el producto que metemos en nuestra panza. Y yo insisto en que es fácil porque el burócrata no está libre de los desechos caninos en su acera, el otario compra cada día comida dietética que engorda, y hasta el diseñador de armas debe rellenar formularios para concretar algunos pasos de su innoble misión.

puzak_1006.gifHoy he tocado un límite que no es de éstos, no es un hartazgo menor, no se trata de aquello que se descuartiza con liviandad en la certeza de que uno encontrará apoyo seguro en la cruzada. Es algo en verdad molesto, algo que me irrita al punto de poner en cuestión mi lugar en el mundo.
Lo diré. Estoy cansado de la gente que no cumple su palabra. Para acertar de algún modo en el nivel de agotamiento que tengo debería decir que más que cansado estoy muerto. Ya no es hartazgo, irritación ni rabia incandescente. Es una especie de “quisiera estar muerto ahora” así no tengo que tolerar esta situación ni ahora ni nunca más.
Puedo entender la burocracia. Está diseñada para trabar al vulgo y beneficiar a un sector determinado. Puedo entender a los que llevan a su perro a tu jardín. Prefieren que la suciedad y el olor estén lejos de su casa y cerca de la tuya. Comprendo la violencia en los juegos y las mentiras en los productos. Ambos están pensados para generar dinero y por esa vía se aseguran su objetivo.
Pero el que da su palabra y pasa de ella como si fuese el autobús de las siete y cuarto qué creé que está logrando. ¿Es que no siente vergüenza? Hablaría de la dignidad, las buenas costumbres, la elegancia, pero bueno, sé que eso ya no se usa. Aún así, a nadie le gusta ir en contra de sí mismo, y comprometerse a algo para no hacerlo es conducirse al sitio en donde se identifica a los miserables. Qué raro ese deseo de mostrarse como alguien desinteresado en sí mismo e irrespetuoso con los demás.
Impresiona lo poco que están dispuestos a hacer, aunque sea para simular que les interesa cumplir lo que ellos mismos proponen.

Y ahora, para que revienten, también lo diré: esto no ocurre en toda España, es frecuente en el sur, es de excepción en el norte. La palabra dada tiene un valor y ese valor cotiza según la disposición del hablante. Las palabras al sur están al alza. Los hechos en bancarrota. El amaneramiento del machote golpeador que viste leotardos magenta ajustados, la prepotencia del vozarrón vacuo, la soberbia envidia que tiñe a una sociedad bruta por elección y lustrosa por fondos europeos, este camino, amigos, es el camino que decíamos que queríamos evitar. Y ya ven. Decíamos. Pero no hacemos. Total, qué importa. Sólo se trata de nuestras palabras.

Respuestas que estábamos esperando

Martes, 5 de Septiembre de 2006 por Ivo Puzak Lecturas:22038

¿De dónde venimos?
De ningún lado.
¿Hacia dónde vamos?
A ninguna parte.
¿Existe el Infierno y el Paraíso?
Sí, del mismo modo que existe el País de las Maravillas.
¿Entonces, da lo mismo hacer el bien que hacer el mal?
No, en absoluto.
¿Si no temo al Infierno, por qué voy a hacer el bien?
Si para hacer el bien necesitas temer a algo eres sencillamente incapaz de hacer bien alguno.
¿Qué pasa con el alma cuando muere el cuerpo?
Lo mismo que ocurre con las ganas de darse una ducha. El ser humano no se divide en cuerpo y alma. El alma y el cuerpo son una misma cosa. El alma es al cuerpo lo mismo que las ganas de darse una ducha son a los intestinos. Desaparecidos los intestinos, desaparecen las ganas de darse una ducha.
¿Cuándo cambiará el mundo?
Cuando cambie nuestro concepto individual del mundo.

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¿El hombre terminará destruyendo el planeta, y por tanto, a sí mismo?
No. Se irá adaptando a los desastres que provoque mientras sea posible. Y algún día, por razones completamente ajenas a la Humanidad, la vida dejará de existir en este planeta.
¿Por qué vienen tantos extranjeros a mí país?
¿Tu país? ¿Lo has comprado?
¿Por qué vienen los negros a España?
Por desconocimiento. Si te conocieran, seguro no vendrían.
¿Cuál es el sentido de la vida?
El sentido que tú le des a la tuya.
¿Habrá paz alguna vez en la Tierra?
Mientras haya gente, no.
¿Qué pasa en la cabeza de las personas que están locas?
No sé.
¿Se acabará la violencia contra la mujer?
No se acabará la violencia.
¿Qué hay más allá del Universo?
Universo.
¿Hay Dios?
Sí, pero no con ese nombre.
¿Cómo empezó la vida?
No hay una causa y un efecto para la vida. Empezó igual que el oro o que el cielo. Estaban ahí, están acá. Hace millones de años había oro y no joyas, había vida y no personas.
¿Cómo surge la primera persona?
Con los ingredientes vida y tiempo, más las condiciones dadas en este planeta, surgen las primeras personas.
¿Y la primera?
La vida y el tiempo, además de carácter sucesivo tienen carácter simultáneo. No hay una primera.

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¿Qué es el tiempo?
Una idea.
¿Por qué judíos y musulmanes siempre se están peleando?
Porque son iguales y quieren ser diferentes.
¿Por qué los racistas son racistas?
Porque son diferentes y quieren ser iguales.
¿Por qué algunas personas son homosexuales?
Porque les apetece.
¿Por qué soldados y sacerdotes no van presos cuando matan y violan?
No sé.
¿Debo trabajar o estudiar, viajar o escribir, jugar o mirar fútbol?
Debes hacer lo que debas hacer.
¿Hay vida en otros planetas?
No. Vida como la que entendemos por vida en este planeta, no.
¿Qué sigue después de la muerte?
Siguen los que están vivos.
¿La fe mueve montañas?
La fe, más una importante suma de dinero.
¿El dinero hace la felicidad?
La felicidad no se hace, está hecha. Se llega a ella intermitentemente en períodos muy espaciados, con dinero o sin él.
¿Es posible la felicidad donde la gente muere de hambre?
La felicidad nunca dura demasiado y no se alcanza más de dos o tres veces en la vida. Durará menos en donde la gente se muere de hambre.
¿Qué es Dios?
Con ese nombre: nada. Pero llamémosle Dios aunque sea para entendernos y diré que es innombrable. Podría decir que es vida y tiempo, pero es algo más. El hombre, de igual modo que no puede tocar el sol, no puede hablar de Dios y atinar. Sí puede percibirlo.
¿Cómo se hace para percibir a Dios?
Las maneras son infinitas pero ninguna de ellas es con ayuda de alguien.

Ignacio, cada lustro

Martes, 22 de Agosto de 2006 por Ivo Puzak Lecturas:17695

ignacio.jpg – Hola Ivo, Ignacio te habla, te llamo para saber cómo estás.
- Bien
- Qué bueno esto que escribís, me gusta mucho, tendríamos que vernos, tomarnos unas cañas y charlar.
- Cuando quieras.
- Ahora estamos medio liadillos, abrumados de trabajo…
- Yo no.
- Ya, pero yo es que no paro ni los fines de semana, pero podríamos encontrarnos entre semana aunque sea un ratito.
- Cuando quieras.
- Sí, porque el tiempo pasa y al final no nos vemos.
- Te invité a mi casa y no viniste. Me invitaste a la tuya y cancelaste. Por eso no nos vemos. Pero ya sabés, a mi casa estás invitado siempre.
- Ya, qué bueno escucharte, me alegro de que estés bien y ya nos tomaremos unas cañitas.
- Bueno, yo pediré un Rioja. No me gusta la cerveza, pero sí, nos vemos seguro cuando vos digas.
- Es que leí tu artículo ayer y dije “lo voy a llamar así nos vemos”.
- Pasá por casa cuando quieras.
- Es que no quiero molestar, mirá si caigo en mal momento.
- Si caés en mal momento no te atiendo, no te hagas problema.
- No, seguro nos vemos, me comprometo a quedar contigo, esta semana nos vemos sí o sí.

Un lustro después.

- ¡Hola Ivo! Tanto tiempo, ¿dónde estabas?
- En casa.
- Yo pensé: “Éste se fue a Argentina”. Te sigo leyendo en el blog, qué bueno lo que decís “che”, tenemos que encontrarnos.
- Cuando quieras.
- Sí, tenemos que charlar porque al final, tanto trabajo, y los amigos no nos vemos. Estuve liadísimo. Cómo me gustaría hablar sobre estas cosas que escribes.
- ¿Cuáles son tus días menos complicados? Así combinamos para vernos.
- Ja, ya me gustaría, nos tomamos unas cañitas y hablamos. El curro no me deja respiro, pero aunque sea nos encontramos un ratito o dos, jaja.
- Ignacio, yo tengo horarios muy flexibles, nos vemos cuando vos quieras. Elegí un día, un lugar, una hora y allí estaré. Decime y listo. Voy a donde me digas, a la hora que me digas, sabés que además soy puntual.
- Sí, esta vez no lo dejaremos pasar -porque si uno no se puede ni encontrar con los amigos…- ¿para qué todo no? ¡Qué ganas de conversar un rato contigo, tranquilos!
- ¿De verdad te gusta lo que escribo?
- Pero Ivo Puzak, ¿qué me dices? Me encaaanta, como decís vos, pibe.

Y otro lustro pasó.

- Hola Ivo, nunca me llamas tú así que te llamo yo. A los amigos hay que cuidarlos. ¿Cómo estás?
- Bien
- Tenemos que vernos “che”, esto no puede ser.
- Cuando quieras, Ignacio.

Ilustración: Enrique Bonet