Otra vez

- ¡Es que siempre estamos igual! ¡Ni tiene educación ni la ha conocido! ¿Le parece una hora normal de llamar a las casas de la gente? ¡Que los curritos necesitamos descansar, coño! ¡Váyase a la mierda y deje de joder una temporada, por favor!

Colgó de un golpe, como quien le asesta la última puñalada a una bestia miserable, y volvió resoplando a la cama. Su mujer, semiconsciente, despegó unos centímetros de las sábanas la cara abotargada.

- No me digas que era…

- Sí, otra vez tu madre con sus infartitos de los cojones.

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