La vida, en pequeñas dosis

Sobre el sofá mil veces remendado, cogió fuertemente la manecita rolliza del nieto entre las suyas, trémulas y apergaminadas, de anciana solitaria. Hacía años que el frío se había instalado en sus huesos, prisionera como se sentía de un hogar umbrío cosido con retales de pasado, y solo la mano de su nieto la mantenía sujeta a la vida, a la luz y al calor. Emocionada, casi feliz, la estrujó con cariño infinito, pero al notar que se le salía el serrín por una costura la dejó sobre el tapete de la mesita y fue a buscar aguja y dedal.

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3 Responses

  1. Antoño dice:

    Muy hacendosa la ‘probe mué’. ¡¡1001 remiendo!!

    (Digo yo, ya podía mirar en las basuras, posiblemente encontrará algún sofá con ‘mushísimos’ menos remiendos. ¡¡Claro, tendrá que ayudarle alguien en el transporte!!).

  2. Lola dice:

    Terriblemente bonito

  3. anonimo dice:

    Un breve relato para narrar una vida muy larga.
    Muy bueno.

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