Mr. Irreverendos goes to Hollywood
Sábado, 31 de marzo de 2007 por Miguel Ángel RomeroEspaña, año 2007. El éxito del fenómeno blogger ha atraído la atención de los grandes grupos de comunicación. Toda la blogosfera sucumbe a los cantos de sirena de El País, 20 Canutos, y demás panfletos manipulados por Otegi.
¿Toda? ¡No! En Irreverendos pensamos que si vas a vender tu alma, mejor vendérsela a quien puede pagar más pasta.
Por eso, tenemos el placer de anunciar:

A continuación les ofrecemos un exclusivo adelanto de esta superproducción que reunirá a los mejores talentos de Hollywood.

La sección de nuestra compañera Inés se convierte en un trepidante thriller repleto de emoción y venganza:
Jim Tuck es un honrado policía al que atormenta un secreto del pasado. Jim era el panadero más prometedor de Los Ángeles, pero por un error de imprenta en la receta, echó matarratas en lugar de maizena en el pastel que preparaba para su hermanito huérfano, su novia ciega y su compañero a punto de jubilarse. Nunca se lo ha perdonado.
Cuando el Presidente decide crear un cuerpo especial de choque contra los terroristas de la errata, que están minando la moral de América, Jim no duda en ofrecerse para acabar con ellos al precio que sea.


La combinación ideal: los certeros aforismos de Martín Favelis, adaptados para toda la familia por la magia de Disney.

La sección Tumor negro de nuestra compañera Lola se convierte en:

Will Smith interpreta a un adorable tumorzuelo, gamberro pero de buen corazón, que tiene que enseñar al gordo sosainas donde ha crecido cómo conquistar a una mujer, a ver si es posible que se coma un rosco antes de morir por la metástasis.

Irreverendians: The remake ¡Próximamente en los mejores cines!















Me apetece compartir con todos vosotros lo que ha pasado esta misma tarde: a eso de las siete me asomé al cuarto de la plancha y allí estaba ella, repasando con sumo cuidado las costuras de mis calzoncillos porque sabe que si quedan arrugas sufro de erupciones cutáneas insoportables. La miré en silencio, empapándome de la ternura que emana su ser, y comprendí que aquella criatura, esa luchadora maravillosa que me trajo a este mundo, merecía unas palabras de aliento. Y por eso lo que le dije me salió de lo más hondo del corazón: “Mamá”, susurré emocionado, “llevo siglos esperando que me prepares la merienda, cojones”.