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Archivo de la categoría "¡Estamos en la UVI!"

La vuelta

Miércoles, 1 de septiembre de 2010 por Enrique Bonet Lecturas:10718

cinismo ilustrado

Martes, 31 de agosto de 2010 por Lola Sánchez Lecturas:11947

Encantos rodados

Domingo, 22 de agosto de 2010 por Lola Sánchez Lecturas:12437

Libres como el viento

Domingo, 15 de agosto de 2010 por Alejandro Romero Lecturas:13136

Miss Verano Azul

Martes, 10 de agosto de 2010 por Andrés Soria Lecturas:11280

Seguí pasando mi verano azul. Y fue fantástico. En aquella pensión veraneaba una Miss. Miss de una provincia andaluza.
Quería presentarse a Miss Andalucía. Morena y preciosa.
Yo tendría 8 años. Ella veraneaba en la pensión acompañada de su tía, y su hermanito pequeño, Alejandro.
La Miss, su tía, Alejandro y yo fuimos al mercadillo.
La chica quería comprarse un bikini.
Un bikini barato, no había pelas. Al fin y al cabo estábamos
en una entrañable cutre-pensión de media estrella.
La otra media se la comieron las cucarachas.
La Miss se probó el bikini tras una sábana en el mercadillo.
No he visto nunca una sombra tan sensual.
Luego nos fuimos a la playa. Y pasaron las horas hasta llegar
las cuatro.
“¿Mamá, porque nos hemos ido tan lejos, a la esquina de la playa y todavía no hemos comido?”
La Miss quería hacer top-less y ponerse morenita.
Y que nadie la viese, pues eso era de putas.
La Miss tomó el sol una o dos horas.
“Báñate” le dijo su tía, “que así se te pondrán más rápido las tetas morenas”.

Y se bañó. Cuando salio del agua…

Adoro los mercadillos. Su bikini era tan cutre que se volvió transparente. Vi a la diosa Venus salir desnuda del mar mientras su acalorada tía le gritaba educadamente:
“¡ Niña, coño, que se te ve todo el coñooooo!”

Lo dicho , adoro los mercadillos.

Y a las Misses. Y a las tías de las Misses.

Mi berano azul

Martes, 3 de agosto de 2010 por Andrés Soria Lecturas:11296

No, no me he equivocado. Mi berano azul tiene una B.

Lo contaré:  aquel año Beraneamos en un pueblecito de la costa.
En un hostal  a pensión completa. Lo cual no era ninguna incongruencia pues el hostal era más bien  una cutre pero divertida pensión completa. Mi padre aquel berano inventó su propio lenguaje, con el que se dirigía  a nosotros para descifrarlo.

“¿Niño, te has puesto ya los lupatos y la zumizeta y los pamplones?”

Cada día inventaba una palabra porque le sulibeyaba.

Había en hostal un tipo  que se llamaba Bernabé y era muy tacaño y pesado. MUY PESADO. Pesado con cojones.

Mi padre se compró un diccionario de nombres propios y lo utilizó:
“Hola don Bartolo, que escabeche…”
“Bernabé, gracias…”

A la hora de la cena:
“Hola Bernardino, que escabeche”.
“Bernabé, me llamo Bernabé, gracias”.

En el desayuno:
“Hola Braulio, que escabeche”.
“Bernabé, que es Bernabé,  gracias”.

Al día siguiente:

“Hola Baltasar…que escabeche”. “Hola Balduino…que escabeche”.
“Hola Balbino…que escabeche”. “Hola Blas, que escabeche…”
“Hola Bruno, que escabeche…” “Hola Benedicto… que escabeche…”
“¡Que me llamo Bernabé!”
“Perdón, pues que escabeche, Bonifacio”.

“Déjalo ya papá, nunca lo llamas por su nombre…”
“Hijo mío, lo que me jode es el ego de las personas. Se queja de que nunca digo su nombre propio y no se da cuenta de que no le digo que aproveche, y que conste que escabechar no lo digo con maldad”.