Azcona nunca (o poco) visto

Van tres sábados de Azcona… ¿hay como para un cuarto? Hay, hay. (O más bien, dirá alguno, ay, ay).

La paella.jpgLa paella (Ediciones Aborigen, 2006) es el episodio piloto de una serie de televisión que se iba a titular Terraza Cristal, allá por principios de los 90, pero que jamás llegó a realizarse. Sin embargo, como no podía ser menos tratándose de Azcona, lo que guarda el libro entre sus cubiertas no es el guión original sino la inevitable revisión a cargo del perenne descontento, quien añade detalles y redondea secuencias con desenvoltura de maestro. Cuenta con dos prólogos del distinguido azconólogo Bernardo Sánchez: el primero, con fecha del 16 de septiembre de 2006, y el segundo, mucho más breve, firmado el 24 del mismo mes para dejar constancia de su sorpresa al recibir de buenas a primeras la versión retocada el día 20.

España, años 50. Una pareja de recién casados viaja a Roma para entregar a Pío XII una paella con el escudo papal recreado a base de cigalas y otros aditamentos. ¿Hace falta decir cuál es el desenlace de la aventura? Recuérdese que Azcona también escribió La audiencia (1971) para Marco Ferreri. Es la premisa común de buena parte de las narraciones de este burlón discípulo de Kafka, que para resarcirse por no haber tenido ocasión de adaptar directamente El castillo lo reelaboró en múltiples combinaciones: uno o varios infelices se proponen algún objetivo relativamente ambicioso (y es que, en según qué circunstancias, hasta pretender pagar las letras del motocarro es un pecado de soberbia) y, tras dejarse los hocicos contra la realidad, se retiran lamiéndose las heridas al tiempo que procuran guardar una pizca de dignidad. Los presuntos enamorados consiguen ver finalmente al Santo Padre, pero Azcona nos escamotea el encuentro: las abstracciones no tienen rostro, y su esencia se describe mejor en el desencanto de quienes han sido visitados por ellas.

Puesto que el programa había de durar sólo una hora, Azcona no se entretuvo en episodios tangenciales: cada escena cuenta y los personajes quedan retratados en pinceladas precisas. Conocemos a Alberto, el protagonista, en la cotidianeidad de una alcoba de adocenado sabor conyugal, cuando la mujer con la que ha compartido lecho durante tantos años le recuerda que mañana se va a casar con otra. Después de pasar por el altar, el guionista lo describe “enternecido por la estupidez de su flamante mujer”, la cual “cada vez que abre la boca hace una manifestación de su inteligencia”. Se trataba de dar cuenta de los hábitos de esparcimiento de los vencedores de la guerra civil, de modo que Azcona carga las tintas en la sátira y el esperpento. Jamás conoció remilgos hacia lo escatológico, lo cual le permite basar la alegoría en la putrefacción galopante del arroz y los mariscos que llegaron a Roma dando saltos sobre el inodoro del avión.

Tamaño natural.jpg¿La paella como símbolo de la España franquista? Bernardo Sánchez recuerda en su prólogo la paella del pack ibérico que Luis José quiere patentar en los primeros minutos de Nacional III y la que engrasa el mercadeo turbio en la comisaría de La corte del faraón. Hay otra paella memorable en La vaquilla, que representa, como la propia vaquilla, todo lo que faltaba en el bando republicano.

Es muy probable que el lector de La paella lamente que nunca llegara a filmarse, pero hay otro motivo mayor de pesares: cancelado el proyecto, nos quedamos sin siquiera leer los demás capítulos que habría escrito Azcona.

Por lo demás, no es difícil localizar ediciones interesantes de muchos de los mejores guiones que escribió el que se decía amanuense de obsesiones ajenas: El anacoreta, Plácido, Belle Epoque… Muchos de ellos justifican su existencia por anteceder al consumo generalizado de reproductores de vídeo: era lo más parecido que había, por entonces, a poseer una película sin los engorros que acarreaba un proyector. Aun así, sigue teniendo sentido prestarles atención. En estos tiempos de exclusivísimas ediciones limitadas para coleccionistas a la venta en la sección de DVDs de cualquier Carrefour (algo que resulta muy cómodo y conveniente para el que suscribe, por cierto y sin ir más lejos), se pueden aprender más cosas sobre Tamaño natural leyendo el libro que publicó Sedmay en 1976 que buscando inexistentes extras ocultos en el disco. El volumen incluía una extensa entrevista con Berlanga y un informe sobre el escándalo que levantó la película entre las feministas italianas, amén del prólogo de un Umbral reducido a extática fan quinceañera (fan de Berlanga, eso sí).

PobreParalíticoyMuerto2008.jpgY si es por reediciones, hay que sumar a las que ya se mencionaron en artículos anteriores la de Pobre, paralítico y muerto (Ediciones del viento, 2008). La portada es muy elegante pero, qué quieren que les diga, donde se pongan las ilustraciones de Lorenzo Goñi… Aun así, vale como sucedáneo desnatado en caso de que no se ponga a tiro la edición original (que, todo sea dicho, hace cuatro o cinco años no era raro ver en las ferias de libro antiguo y de ocasión por unos pocos euros).

Hasta aquí hemos llegado. Pero hay que seguir leyendo a Azcona. En vida hizo todo lo posible por esquivar focos y primeros planos. Ahora más que nunca, debemos seguir acosándolo, buscando esos libros de los que reniega, desenterrando esa obra a la que sometía, coqueto en el fondo, a liftings periódicos. Tenemos que ejercer de buitres. Que no pueda decir, desde la tumba que es refugio óptimo del anacoreta, que ha tenido que morirse para que le dejemos en paz.

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5 Responses

  1. Sr Bonet dice:

    Si con todo lo que has escrito sobre Azona no consigues que infelices como yo -devoto de sus películas, pero, lo confieso, lego hasta ahora en la lectura de sus libros- no nos lancemos como locos a la caza y captura de algunas de sus obras, ¡no lo conseguirá nadie! Has dejado muy clarito que para seguir disfrutando de Azcona hay que leerlo, además de ver una y otra vez y por siempre jamas sus películas.
    ¡Enhorabuena, el trabajazo ha valido la pena!

  2. as dice:

    Suscribo lo que dice Bonet.
    Y me he quedado sin palabras,
    porque creo que tu las utilizado todas a la perfección.
    bueno, me queda una palabra:
    cojonudo.

  3. Ahora que el arroz sube un 30 % veo el mundo como la famosa escena de la paella de VIVAN LOS NOVIOS, un momento cumbre del cine.
    Y me sumo a la enhorabuena !!!

  4. A. Romero dice:

    ¡Gracias!

    Ahora que me acuerdo, hay otra paella simbólica en la última colaboración Berlanga-Azcona, “Moros y cristianos”: las sobras que toman los familiares de Rosa María Sardá tras hundir la furgoneta turronera en la piscina del chalet de Las Rozas. Es el momento inolvidable en que el llorado Agustín González dice aquello de “¿Pero qué mierdecilla es esta?”.

    Por cierto, qué grande el Pajares de “Moros y cristianos”. Que digan lo que quieran de “Ay, Carmela”, pero ya había dado el do de pecho con Berlanga.

  5. Charlespap dice:

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