Macho, peludo y sudoroso
por Ivo PuzakYa está. Al fin me he convencido. Cuesta creer las frases que estampan por todos lados y que repiten hasta el cansancio en todo estilo de canciones, pero parece que sí, que lo único importante es el amor. Que el amor es más fuerte, que el amor lo es todo, “que no se puede – no se puede vivir sin amor”, que “ama y haz lo que quieras”.
El arte de conmover lo poseen muy pocas personas. La capacidad de conmoverse también se ha convertido en estos tiempos en una rareza. La situación en general se está desvirtuando a tal punto que no hay ya indicios de grandes amantes y ni siquiera bellezas escogidas que soporten ser amadas.
Intentaré decirlo más claro. Las mujeres, todas, se creen que son feas. Indignas de ser desaforadamente perseguidas y fantaseadas. Los hombres, todos, se creen que este asunto del amor es apenas un argumento para películas. Y en caso extremo de realidad, ya fuera del cine: cosa de maricas. Un hombre, en el sentido de macho, peludo y transpirado, debe creer por la fuerza de la supervivencia de su psique, que lo máximo a lo que puede aspirar en relación con el amor, es a hacer alarde u ocultismo del tamaño de su pene. Los niños ya no nacen y crecen producto del amor. Todo se reduce a varones calentones y a mujeres poco precavidas o al revés. Está claro que el mundo moderno, que a esta altura ya está viejo comparado con el posmoderno, cuando tiene el tiempo o la posibilidad de elegir, elige tener un gato. Los más aventureros, un perro.
La ventaja de esta vida de mierda -que se desarrolla o subdesarrolla en el planeta hostil en que hoy habitamos- es que está llena de errores. Esos errores nos brindan el acceso a sorprendernos de una alegría diminuta, breve. Nos envuelve una calma en miniatura que permanece menos de lo que dura un rato. Y aunque suene abobado y conformista, parece que esos islotes, esos desajustes, esas maniobras ajenas a la voluntad del dios que manejan las corporaciones, esos instantes, resultado de la pérdida del control de lo que nunca fue controlado, esas miradas que llegan directo al alma y la humedecen con su brillo dejando de lado incluso a nuestros ojos, todo eso digo, esos errores, justifican la efímera presencia.
Siento una responsabilidad, supongo que es producto de una vanidad refinada. Me refiero al hecho de creerme en la obligación de que el mundo quede un poquito mejor luego de mi paso por la vida. Mi existencia entera debería servir acaso para acomodar la baldosa floja de mi acera y así evitar que mi vecina, la vieja puta que me tiene harto, se doble el tobillo.

Se ha dicho que el amor es decididamente lo que nos permite distinguir que estamos vivos. Y retomando el hilo de hoy, debemos amar y tenemos que aprender a ser amados. Sepan las niñas lindas que en la vida no todo es hacer dieta y sepan las feas que no todo se resume en ser macanuda. Sepan los supermiembro que el cerebro también merece lubricación y que hasta a las mujeres que les gustan los machotes atorrantes, una vez horizontales prefieren grandes amantes. La síntesis, para no terminar demasiado cursi, no será con frases de amor de esas que se encuentran en azulejos y marcalibros; será decirles a las mujeres con complejos que, a muchos hombres les atraen las mujeres por el simple hecho de ser femeninas. Y a los hombres que se preocupan por su pelaje, decirles lo que leí por ahí hace un tiempo: “Si el pelo fuese importante, estaría dentro de la cabeza y no fuera”.
14 de Agosto, 2007 - 7:50 pm
Mmmm… Tanta cursilería!. Si basta con darse cuenta del gran axioma del cortejo humano:
“La autoestima de una mujer sube cada vez que le dicen que ‘no’ a un hombre; a los hombres les sube la autoestima cada vez que una mujer les dice que ’si’ “.
Todo lo demás son “juegos” para conseguir ese objetivo.
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