¡Mensajes satánicos en los villancicos!

Sí, es un hecho comprobado: la música popular contemporánea esconde, bajo la cubierta de estribillos inofensivos, todo tipo de mensajes perniciosos para la juventud. ¿Cuántos chavales saludables han caído en el autodestructivo vicio del seseo por culpa de escuchar en exceso a Miguel Ríos? Y, en efecto, si uno pone al revés la canción Antichrist Superstar de Marilyn Manson puede distinguir una invocación escalofriante: “Ya que vas al Mercadona, compra también papel higiénico” (por lo demás, los mensajes satánicos normales y corrientes se oyen tranquilamente poniendo el disco al derecho).

Mensajes Satánicos.jpgPero hay una fuente aún más insidiosa de consignas antisociales que anega en su ponzoña el mundo occidental precisamente en estas fechas: ¡los temibles villancicos! Con objeto de poner en alerta al ciudadano responsable, nos limitamos a exponer a continuación unos pocos ejemplos:

Campana sobre campana
Y sobre campana… ¡una!
Asómate a la ventana,
Verás al niño en la cuna
“.

Un dulce y bucólico pasaje descriptivo, ¿verdad? ¡Ojalá fuera así! Cuando tocan las campanas que anuncian el aquelarre, los adoradores del diablo recorren la ciudad buscando recién nacidos que sacrificar. Y este ruin villancico les proporciona instrucciones precisas, milimétricas, para llevar a cabo tan horripilante labor.

Recogido tu rebaño,
¿A dónde vas pastorcillo?
Voy a llevar al portal
Requesón, manteca y vino
“.

¿Se ha visto jamás tan descarada incitación al canibalismo? El pastorcillo acude al portal con viandas de diverso género para salpimentar y acompañar el plato  principal que, como en el caso anterior, también se encuentra en la cuna.

Y, por supuesto, no podía faltar un tema clásico del rock’n'roll más decadente:

Oh, blanca navidad, sueño,
y con la nieve alrededor
blanca es mi quimera
y es mensaje de paz y de amor

¿Cuándo aprenderá la juventud que no se puede buscar la paz y el amor en los paraísos artificiales, esos a los que se accede a través de las fosas nasales? Lo que es seguro es que no les ayudarán a comprenderlo estas odas al vicio dionisíaco. Blanca es mi quimera… ¡y tan blanca!

Podríamos seguir. Podríamos señalar cierta pieza que, no sin sorna, aconseja el onanismo a los varones de menor dotación genital (“Ay, del chiquirritín, metidito entre pajas“). O Arre, borriquito, un canto viscoso a filias eróticas demasiado sórdidas como para discutirlas aquí.

No lo haremos. Sólo rogamos al padre de familia sensato que, por favor, mantenga alejados los oídos virginales de sus hijos de tanta rima venérea e infecciosa. Qué asco, oiga.

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